Benito Pérez Galdós: Realismo, Naturalismo y Episodios Nacionales


Benito Pérez Galdós: Realismo, Naturalismo y su Legado Literario

Temas: extraídos de la realidad cotidiana, por lo que prescinde de la imaginación y la fantasía. La novela plantea los conflictos entre el individuo y la sociedad: conflictos ideológicos, problemas laborales, las formas de vida de las distintas clases sociales, el mundo interior del individuo y sus procesos psicológicos, la falta de integración social, la enfermedad, la locura, el deseo y la pasión insatisfecho…

El Punto de Vista Narrativo

El punto de vista: es un narrador omnisciente que actúa como cronista, puesto que conoce minuciosamente la realidad y, a la vez, como demiurgo porque es capaz de mostrarnos el mundo interno de los personajes. A veces aparece el autor implícito que guía al lector, le da información adicional sobre el personaje, comenta su ideología….

Tiempo y Espacio en la Narrativa Galdosiana

El tiempo histórico es el coetáneo del escritor, no como en la novela romántica que se remonta a épocas pretéritas como la Edad Media. El tiempo interno tiende a concentrarse en unos años que evidencian una etapa importante en la vida del personaje. Utiliza la técnica in media res: la obra comienza en el momento que plantea el conflicto del personaje, a continuación se resumen hechos pasados que interesan conocer, para proseguir con el desarrollo del conflicto inicial.

El espacio: es realista, verosímil, descrito con gran lujo de detalles. Predominan los espacios urbanos (donde habita la burguesía y el proletariado) pero también aparecen a veces los espacios rurales, como ejemplos de la oposición al progreso, de aferrarse a las tradiciones ancestrales que impiden el avance.

La descripción de espacios interiores (casas burguesas, fábricas, tabernas, casinos…) contribuye a crear la sensación de realidad al mostrar la relación entre el individuo y su medio.

Personajes y Lenguaje

Personajes: se atiende al conflicto psicológico y social de los personajes principales. Se trata de personajes redondos que evolucionan condicionados por sus circunstancias vitales. Junto a ellos hay toda una nómina de personajes planos que son caracterizados de forma esquemática y cuya función es ayudar u obstaculizar la progresión del protagonista principal. La caracterización suele ser tanto física como moral y es presentada tanto por el narrador como por los diálogos, monólogos, o los propios actos de los protagonistas.

Lenguaje: utiliza un lenguaje coloquial en boca de los personajes, puesto que adecua la dicción a la característica del personaje; pero en general se trata de un registro culto, sobre todo en las descripciones, en la caracterización de los ambientes, etc.

El Naturalismo en la Obra de Galdós

Recibe el nombre de Naturalismo una corriente literaria fijada por el novelista francés Émile Zola (1840-1902). A los postulados del Realismo añadió Zola ciertos elementos tomados de doctrinas típicas de su tiempo:

  • El materialismo. Niega la parte espiritual del hombre: los sentimientos, ideales, etc., son considerados productos del organismo.
  • El determinismo. Los comportamientos humanos están marcados por la herencia biológica y por las circunstancias sociales.
  • El método experimental. Igual que un científico experimenta con sus cobayas, el novelista debe experimentar con sus personajes, colocándolos en determinadas situaciones para demostrar que su comportamiento depende de la herencia y del medio.

De los presupuestos anteriores se derivan varias consecuencias literarias:

  1. En cuanto a temas, ambientes y personajes, abundan los asuntos “fuertes”, las bajas pasiones, así como personajes tarados, alcohólicos o psicópatas, seres que obedecen, sin saberlo, a sus tendencias genéticas, si bien sus reacciones difieren accidentalmente según el ambiente en que se han educado.
  2. En la técnica y el estilo se llevan a sus últimas consecuencias los métodos de observación y documentación del Realismo. Igualmente se hace más precisa la reproducción del habla.

Benito Pérez Galdós: Vida y Obra

Datos Biográficos

Nació en Las Palmas (Islas Canarias) en 1843, el décimo hijo de un coronel del Ejército. La llegada a Las Palmas de una prima le trastornó emocionalmente y sus padres decidieron que fuera a Madrid a estudiar Derecho en 1862. Leyó con voracidad a los autores realistas europeos y a Cervantes. En Madrid entra en contacto con el krausismo por medio de Fco Giner de los Ríos, que le anima a escribir y le presenta en la redacción de algunas revistas. Se transforma en un madrileño que frecuenta tertulias literarias en los cafés, que asiste al Ateneo, que recorre la ciudad y se interesa por los problemas políticos y sociales del momento: se define a sí mismo como progresista y anticlerical.

En 1868 viaja a París y descubre a los grandes novelistas franceses. A su regreso traduce a Dickens, escribe teatro y, por fin, en 1870 se decide a publicar su primera novela, La Fontana de oro, con el dinero que le da una tía, ya que en esa época las novelas o se publicaban por entregas en publicaciones periódicas, revistas y periódicos, o corrían a costa del autor; la obra era todavía romántica pero en ella ya empezaban a verse sus ideas radicales que aflorarán en el decenio siguiente. La década de 1880, será su época de máxima creación. También en estos años se compromete activamente en política, ya que de 1886 a 1890 es diputado por el partido de Sagasta, aunque nunca pronunció un discurso. A pesar de la oposición ultracatólica que no le perdonó haber escrito Doña Perfecta (1876), un panfleto anticlerical, fue elegido miembro de la Real Academia Española. El paso de los años le darán brío y en 1892 se entregó a la reforma del teatro nacional. El estreno de Electra (1901) supuso un acontecimiento nacional: al acabar la representación los jóvenes modernistas acompañaron al autor hasta su casa en loor de multitud. En 1907 volvió al Congreso, como republicano, y en 1909 con Pablo Iglesias, fue jefe titular de la “conjunción republicano-socialista”. Su izquierdismo fue el causante de que no se le otorgara el Premio Nobel. En 1920 murió ciego y pobre en Madrid, su ciudad de adopción.

Obra Literaria

La obra de Galdós se caracteriza por su marcado realismo. Es un gran observador con toques geniales de intuición que le permiten reflejar tanto las atmósferas de los ambientes y las situaciones que describe como los retratos de lugares y de personajes. Se sirve del lenguaje para identificar a sus personajes y esto ha hecho que muchas veces se le acuse de poco elegante, pero él usa un lenguaje ramplón cuando describe o habla un personaje ramplón. El encanto de Galdós está en la sensación de espontaneidad y viveza que nos transmite mediante un estilo expresivo, ágil y sugerente. Es revelador el número de obras suyas que han pasado al cine o a la televisión. Tras Cervantes, numerosos estudios lo sitúan en la mayor altura de la novela española.

Galdós dividió su obra en “Episodios nacionales”, “Novelas españolas de la primera época” y “Novelas españolas contemporáneas”.

Episodios Nacionales

Desde 1873 a 1912, Pérez Galdós se propuso el ambicioso proyecto de contar la historia novelada de la España del siglo XIX, es decir, desde 1807 hasta la Restauración, con la intención de analizar el protagonismo de las fuerzas conservadoras y de progreso en España. Son 46 novelas distribuidas en cinco series de diez obras cada una, excepto la última que quedó interrumpida y sólo tiene seis. Obras corales, épicas, que cubren la anécdota del protagonista individual. Galdós se documenta con rigor y hasta donde puede narra con gran objetividad.

Las dos primeras series (1873-1879) cubren la guerra de Independencia y el reinado de Fernando VII. En ellas el autor manifiesta un cierto optimismo en una evolución lenta hacia el progreso. Entre las obras más celebradas de estas series se encuentran “Trafalgar”, “Bailén”, “Napoleón en Chamartín” o “La familia de Carlos IV”.

En 1898, retomó de nuevo las series, en las que trabajó hasta 1912. Cubre desde las Guerras Carlistas hasta la Restauración. Ahora aparece la visión amarga de la España profunda dividida y enfrentada en guerras fratricidas; ante esta convicción el autor busca una salida en el ideal de “la distribución equitativa del bienestar humano” resultado de su izquierdismo político. Algunas de las obras de este periodo son “Zumalacárregui”, “Mendizábal”,”De Oñate a La Granja”, “Amadeo I” o el último episodio, “Cánova”.

Novelas Españolas de la Primera Época: Novelas de Tesis

Hasta 1880 escribe unas novelas de tesis, maniqueas, donde los buenos son personajes modernos, abiertos, liberales y progresistas, y los malos, conservadores, tradicionalistas, fanáticos religiosos e intransigentes. Obras simplistas llenas de ardor juvenil. Entre éstas destacan Doña Perfecta (1876), Gloria (1877) y La familia de León Roch (1878).

Novelas Españolas Contemporáneas

Así llamó Galdós a veinticuatro novelas que publicó a partir de 1880. Es un impresionante cuadro del Madrid y de la España del momento, en que se dan cita toda clase de ambientes, tipos, sentimientos, desde los más nobles a los más bajos. En estas obras el autor ya no utiliza planteamientos maniqueos religiosos o políticos para valorar las conductas de sus personajes, y con plena libertad analiza sus sentimientos, deseos y frustraciones. Lo que surge es un conjunto impresionante de mezquinos, bondadosos, burgueses adinerados, nobles arruinados, desheredados, grandezas y miserias de gentes que viven para aparentar. Galdós consigue captar esta pluralidad social y vital con técnicas narrativas nuevas sirviéndose tanto del monólogo interior, como del estilo indirecto o del personaje-narrador —que ya había utilizado en los primeros Episodios Nacionales—. Ahora el autor presenta y el lector juzga.

La primera de estas novelas es La desheredada (1881), obra naturalista en la que la protagonista, una muchacha loca que está en el manicomio de Leganés (Madrid), se cree descendiente de un aristócrata y acaba en la prostitución; El amigo Manso (1883) —obra que ya anuncia las “nivolas” de Miguel de Unamuno— plantea el contraste entre un profesor krausista y su superficial y taimado alumno. La de Bringas es una novela publicada en 1884, cierra una posible y discutida trilogía junto a El doctor Centeno y Tormento, publicadas en 1883 y 1884 respectivamente. Todas ellas tratan de los años anteriores a la Revolución de 1868, lo que sirve a Galdós para explicar la similitud entre esos años y la Restauración, período durante el cual escribe la novela. En Tormento la protagonista es engañada y seducida por un sacerdote disoluto y la recoge un indiano enriquecido aunque no se casa con ella. En Miau (1888) describe las penalidades de un cesante progresista durante un gobierno conservador, y el infierno de la burocracia; la usura aparece tratada en Torquemada en la hoguera (1889) en la que se narra la ascensión social de un usurero que acaba convertido en senador. Entre todas estas obras destaca Fortunata y Jacinta (1887) el mural más extraordinario sobre la historia y la sociedad madrileña de la época y una de las mejores novelas de la literatura española: Juan Santa Cruz es el amante de una muchacha pobre, apasionada y enamorada, pero se casa con su prima, la dulce Jacinta, que sufre las infidelidades del marido. Fortunata se queda embarazada y el “señorito satisfecho” —como Ortega y Gasset definió al prototipo de este personaje— busca otra amiga. Fortunata tiene a su hijo pero llena de celos provoca una riña con la nueva amante que la llevará a la muerte no sin antes haber entregado el hijo a Jacinta. Sobre este argumento central en el que se tejen otros y con la realidad político-social del momento de fondo, Galdós se situó como narrador cómplice de la Naturaleza que rectifica los errores de sus hijos.

Además debemos añadir a la clasificación de sus novelas otros dos grupos:

Novelas Espiritualistas

En los años noventa surge una actitud espiritualista en la novelística de Galdós. El tema ético y religioso se aborda en Nazarín (1895) —que Luis Buñuel llevó a la pantalla, como también hizo con otra novela de Galdós, Tristana— en la que se ve a un sacerdote perder la fe porque su pureza evangélica no es comprendida ni aceptada por un mundo mezquino; Misericordia (1897) está considerada como una de sus obras maestras y en ella retrata a la dulce Benina que mendiga para llevar dinero a la casa en la que trabaja de criada sin cobrar y en la que aparece el retablo más descarnado de la miseria madrileña.

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