Innatismo versus Ambientalismo
El término «innato» significa «desde el nacimiento», lo que implica que, al nacer, ya llevamos «de serie» definido no solo el color de nuestra piel, cuánto llegaremos a medir en la adultez, o el grupo sanguíneo.
Según los innatistas, la herencia genética define los márgenes del desarrollo potencial de cada capacidad. Es decir, en nuestros genes vendría determinada la altura máxima y mínima que tendremos de adultos, pero no con exactitud.
En contraste con el enfoque innatista, encontramos a los ambientalistas.
Según esta perspectiva, apenas venimos equipados con un pequeño repertorio de actos reflejos y unas pocas respuestas instintivas; el resto será fruto del aprendizaje. Las experiencias en el entorno familiar, escolar y social en general, nos convertirán en el tipo de persona que somos. Se minimiza la importancia de los rasgos heredados y se enfatiza la influencia de la educación y la socialización.
Lo más común es encontrar científicos y filósofos que optan por posiciones intermedias, entendiendo que ambos elementos, genética y aprendizaje, juegan un papel decisivo en lo que somos. Evitan así las consecuencias incómodas tanto del innatismo como del ambientalismo.
Si todo fuera innato, la responsabilidad de las acciones recaería en los genes. Si todo fuera ambiental, la responsabilidad correspondería a los factores ambientales.
Por ejemplo, un estafador podría justificarse desde el innatismo, apelando a sus genes, o desde el ambientalismo, refiriéndose a una mala educación.
Tensión entre Naturaleza y Cultura
Al hablar del binomio naturaleza y cultura, uno de los puntos que generan más discusión es cómo interpretar la relación entre ambas.
Sigmund Freud destaca que los seres humanos nacemos con una pulsión o impulso innato hacia la competitividad y la violencia, llamada Thanatos o pulsión de muerte.
Las personas tenemos que reprimir parcialmente la satisfacción de los deseos derivados de ambas pulsiones para poder vivir en sociedad.
La cultura es la encargada de poner ese freno, enseñándonos a reprimirnos.
Otros autores, en cambio, apuntan hacia una bondad natural del ser humano que se ve dañada al crecer y descubrir el funcionamiento de la sociedad, la injusticia en el reparto de la riqueza, la diferencia de oportunidades, etc. El ilustrado Jean-Jacques Rousseau lamentaba cómo la cultura había convertido al ser humano en alguien peor, moralmente hablando, al fomentar la competitividad.
Según este planteamiento, aprendemos pronto que para ser competentes socialmente debemos desarrollar «habilidades» como la hipocresía o la mentira. El resultado de la socialización sería, inevitablemente, aprender el juego social, ya que quien se muestra transparente suele salir mal parado.
Agresividad, Genética y Altruismo
El fundador de la etología (el estudio del comportamiento animal), Konrad Lorenz, se posicionó en la línea freudiana al destacar la existencia de un instinto agresivo.
Respecto a la agresividad, Lorenz señala que no solo tiene un carácter reactivo (defensivo), sino que a veces se activa espontáneamente por el deseo de demostrar la propia fuerza y establecer jerarquías.
Lorenz ve algunas ventajas en el instinto agresivo desde el punto de vista de la conservación de la especie, incluso en los humanos.
Uno de los discípulos de Konrad Lorenz, el fundador de la etología humana, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, en oposición a su maestro, defendió en 1970 en su obra Amor y Odio, que no era tan evidente la existencia de una agresividad natural innata en el ser humano. Afirmó que las causas de las acciones violentas había que buscarlas fundamentalmente en la desigualdad en la distribución de los bienes y en las leyes que protegen un régimen injusto. Su postura se alinea más con las ideas rousseaunianas.
Por otro lado, encontramos los estudios de la sociobiología, disciplina inaugurada por Edward Osborne Wilson.
Estos estudios destacan la noción de «altruismo genético», que sugiere que cuando alguien actúa generosamente, lo hace porque sus genes le llevan a ello, al advertir que es lo más conveniente para ellos.
El enfoque de la sociobiología recibió numerosas críticas de científicos como Stephen Jay Gould o Richard Lewontin.