La Poesía Épica
Un poema épico o epopeya es un texto literario que narra en verso las hazañas de un héroe.
Las distintas manifestaciones de la épica a lo largo de la historia presentan algunos rasgos comunes:
- Oralidad. Las epopeyas se difunden por medio del canto o la recitación pública. Con frecuencia, se trata de poemas de autores cultos que reelaboran un material legendario anterior y que no coinciden necesariamente con los “profesionales”. Estos han recibido diferentes nombres según la época y el ámbito geográfico: aedos, rapsodas, juglares…
- Exaltación del héroe. El protagonista es un guerrero que representa los valores de una comunidad (del grupo o los estamentos dominantes, en realidad) y se ofrece a los receptores como modelo de comportamiento. Se pretende, pues, establecer una identificación ideológica entre el héroe y el auditorio, con el fin de afianzar su conciencia o identidad nacional.
- Recreación de un mundo aguerrido y violento. Estos poemas surgen, en general, en periodos de expansión bélica de una comunidad. En ellos imperan, por tanto, cualidades como el valor, la fuerza, la determinación, la astucia y la lealtad.
- Carácter legendario. Los poemas épicos presentan, con frecuencia, un remoto trasfondo histórico. Sobre este sustrato, mediante un proceso de fabulación o deformación que comporta casi siempre la adición de elementos fantásticos o maravillosos, se configura una leyenda que sirve de base para el poema épico.
La Épica Medieval Europea
La poesía épica resurge en Europa durante la Edad Media, con dos áreas o focos de desarrollo: la épica germánica y la épica románica.
- Épica germánica. A ella pertenecen obras como el Beowulf anglosajón (s. IX), las sagas y los edda islandeses y escandinavos (siglos IX-XIII), y el Cantar de los nibelungos alemán (s. XIII). Comparten elementos comunes, como el combate del héroe con un monstruo o gigante. Así, Beowulf luchará contra el ogro Gréndel y contra un dragón; Égil el Manco (en la saga islandesa que lleva su nombre), contra un gigante; y Sígfrido, en el Cantar de los nibelungos, contra el dragón Frafner.
- Épica románica. Se diferencian a su vez dos ramas, la francesa y la castellana:
- Épica francesa. Se conserva un centenar de textos, entre los que destaca la Chanson de Roland (Cantar de Roldán). En esta obra, fijada en el s. XI, se narran las hazañas de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, que combate heroicamente en la batalla de Roncesvalles contra los musulmanes.
- Épica castellana. Los poemas medievales pertenecientes a la épica castellana reciben el nombre de cantares de gesta. La obra más representativa de esta tradición es el Cantar de Mio Cid, fechado a finales del s. XII o principios del XIII.
La Épica Castellana
Solo una mínima parte de los cantares de gesta castellanos ha llegado hasta nosotros: el Cantar de Mio Cid, casi íntegro (3730 versos); un centenar de versos del Cantar de Roncesvalles; y fragmentos de las Mocedades de Rodrigo (1164 versos).
El verismo de la épica castellana permitió que los cantares se utilizaran como fuentes para las crónicas. Así, en la Estoria de España, de Alfonso X, se han rastreado refundiciones en prosa de otros poemas:
- Cantar de Sancho II y el cerco de Zamora. Cuenta, entre otros acontecimientos, el asesinato de Sancho II de Castilla, instigado tal vez por su hermano Alfonso VI, rey de León, que heredó el trono castellano a la muerte de aquel.
- Cantar de los siete infantes de Lara (o de Salas). Narra una violenta espiral de asesinatos y venganzas entre dos familias castellanas a finales del siglo X.
El Cantar de Mio Cid
El protagonista del Cantar o Poema de Mio Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, es un personaje histórico que vivió en la segunda mitad del siglo XI. Casado con Jimena Díaz, tuvo tres hijos (María, Cristina y Diego), fue desterrado dos veces por Alfonso VI y conquistó Valencia a los musulmanes. Sobre esta base histórica, el autor recrea algunos sucesos e inventa otros (por ejemplo, todo el tercer cantar).
A diferencia de otros poemas épicos europeos, el cantar castellano se caracteriza por su verosimilitud, basada en la inexistencia de sucesos sobrenaturales y en las referencias concretas a una geografía real.
Autoría y Difusión
El Cantar de Mio Cid fue compuesto a finales del siglo XII o comienzos del XIII, probablemente por un autor culto, con conocimientos jurídicos y notariales, que pudo inspirarse en versiones anteriores orales o escritas. Al final del manuscrito se dice que un tal Per Abbat lo escribió en 1207. Para la mayoría, este Per Abbat sería solo un copista, aunque algunos lo proponen como el verdadero autor.
La obra fue concebida para ser difundida oralmente por los juglares, artistas profesionales que combinaban en sus espectáculos danza, música, mimo y declamación de textos poéticos. Ha llegado hasta nosotros en un manuscrito copiado a mediados del siglo XIV que o bien fue transcrito por un escriba al dictado de un juglar, o bien fue empleado por un juglar para memorizar el texto.
Argumento y Estructura
El Poema de Mio Cid está organizado en tres cantares, cada uno de los cuales se recitaba probablemente en una sesión o representación juglaresca. Sin embargo, se estructura internamente en dos tramas entrelazadas.
Primera Trama
Cantar del destierro
Debido a las intrigas de sus enemigos, el Cid es víctima de la ira regia o pérdida de favor real, que conllevaba el destierro y la ruptura de la relación de vasallaje. Forzado a abandonar Castilla, intenta reconciliarse con Alfonso VI luchando contra los musulmanes y ofreciendo sus victorias al monarca, a quien entrega siempre una parte del botín.
Cantar de las bodas
Tras conquistar Valencia, Rodrigo consigue el perdón del rey. Este propone las bodas de las hijas del Cid (doña Elvira y doña Sol) con los infantes de Carrión, pertenecientes a un estrato social superior.
Segunda Trama
Cantar de la afrenta de Corpes
A causa de su cobardía, los infantes son objeto de las burlas de los vasallos del Cid. Para vengarse, golpean despiadadamente a sus esposas en el robledal de Corpes. El Cid pide justicia al rey, quien convoca un riepto en el que los infantes son derrotados. La obra termina con las nuevas bodas de las hijas del Cid con los futuros reyes de Navarra y de Aragón.
Temas
En el Cantar de Mio Cid se reconocen dos líneas temáticas fundamentales: la honra y el ascenso social.
- La honra. Se entiende a la vez como rango social, hacienda y reputación. El eje del poema sería, en concreto, la pérdida y recuperación de la honra del héroe, en una doble vertiente: pública (la caída en desgracia ante el rey a causa de falsas acusaciones) y privada o familiar (tras la afrenta de Corpes). En el primer caso, el protagonista recupera la honra gracias a sus victorias militares; en el segundo, por medio del riepto presidido por Alfonso VI.
- El enfrentamiento entre la baja y alta nobleza. Rodrigo Díaz de Vivar fue un infanzón castellano cuya posición dependía de los botines y conquistas conseguidos en batalla. En cambio, los infantes de Carrión eran hijos de unos condes leoneses, cuya preminencia social estaba garantizada por su pertenencia a un linaje y por sus feudos o posesiones hereditarias.
La recuperación de la honra queda sancionada, en las dos ocasiones, por unos casamientos promovidos por el rey, que suponen el ascenso social del protagonista. Al final del poema, la consideración social del Cid se halla en su punto más alto, y ha superado, por sus propios méritos, la posición de sus antagonistas, demostrando que las obras son más importantes que el origen.
La Figura del Héroe
El Cid presenta virtudes propias de los héroes épicos: valentía, fuerza, astucia, religiosidad, fidelidad al rey… Sin embargo, es un personaje profundamente humanizado, con rasgos poco habituales en la épica:
- Mesura. Don Rodrigo se conduce con prudencia y serenidad. Así, al enterarse de lo ocurrido en Corpes, el narrador informa de que, antes de actuar, “una grand ora pensó”.
- Sentido del humor. Durante un combate con Búcar, el caudillo almorávide, el Cid Campeador lo reta con estas palabras:
¡Acá torna Búcar! Venist d’allent mar
Ver te has con el Cid el de la barba grant.
Saludar nos hemos ambos e taiaremos amistad. - Ternura. Así se describe, por ejemplo, el momento en el que el Cid sale de Vivar:
De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornaba la cabeça e estábalos catando;
Rasgos Formales
Los más de tres mil versos del Cantar se agrupan en tiradas monorrimas y asonantes; las tiradas son de desigual extensión, desde 2 hasta 190 versos. Los versos son irregulares, esto es, sin medida fija, y están divididos en dos hemistiquios con fuerte cesura intermedia, por lo que gráficamente suelen representarse con una separación entre ambos. Los hemistiquios más abundantes son los de 7, 8 y 6 sílabas. La irregularidad silábica afecta también a los propios hemistiquios del verso, que pueden ser isosilábicos o heterosilábicos, dándose combinaciones de 7+7, 6+7, 7+8, 6+8, 8+8…
Los rasgos de estilo del Cantar de Mio Cid son acordes con las características del subgénero narrativo al que pertenece la obra:
- Empleo de fórmulas o expresiones fijas que servían al juglar como comodines para completar los versos. Destaca, en particular, el epíteto épico para enaltecer al héroe (“el que en buen ora nació”, “el de la barba vellida” …).
- Uso, por parte del narrador, de apelaciones al receptor, exclamaciones y verbos en segunda persona del plural (señores, sabed) que evidencian la difusión oral del texto.
- Abundancia de diálogos, a menudo sin verbo introductor.