El reinado de Fernando VII: absolutismo, liberalismo y la independencia de las colonias


Sexenio absolutista (1814-1820)

Tras el Tratado de Valençay, Fernando VII regresó a España. El contexto internacional favorecía el absolutismo: Napoleón había sido derrotado y la Santa Alianza unía a las monarquías europeas contra el liberalismo. El Manifiesto de los Persas y el Decreto de Valencia restauraron el poder absoluto y abolieron la legislación de las Cortes de Cádiz. La represión persiguió a los liberales y afrancesados que apoyaron a José I.

Trienio liberal (1820-1823)

En 1820, el ejército liberal dirigido por Rafael del Riego se sublevó. Fernando VII juró la Constitución de 1812. El gobierno liberal estableció libertades políticas y llevó a cabo reformas económicas y políticas. Sin embargo, la oposición de las monarquías absolutas europeas y la conspiración de Fernando VII debilitaron el sistema constitucional.

La década ominosa (1823-1833)

Tras la intervención de la Santa Alianza y la restauración del absolutismo, se produjo una intensa represión política. Los liberales se exiliaron o fueron perseguidos. El rey llevó a cabo algunas reformas para modernizar el Estado, pero su absolutismo provocó la oposición de los más radicales, que se organizaron en torno a Carlos María Isidro. La Pragmática Sanción de 1789 derogó la Ley Sálica, permitiendo reinar a mujeres. El nacimiento de Isabel II en 1830 inició la cuestión sucesoria y el surgimiento del carlismo.

La independencia de las colonias

El reformismo borbónico, la influencia de las revoluciones americana y francesa y los intereses de Reino Unido contribuyeron al movimiento independentista en las colonias. La guerra de independencia en España creó un vacío legal que permitió la formación de juntas leales a Fernando VII. El regreso del rey en 1814 reavivó las ansias de independencia. Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Panamá, Ecuador, México, Perú, Bolivia y Centroamérica se independizaron. España perdió su principal mercado exterior y se convirtió en una potencia de segundo orden. América se fragmentó en quince repúblicas, con la figura del caudillo como líder político y la marginación de la población indígena, negra y mestiza.

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