Europa 1900-1918: Auge, Caída y Reconstrucción


La Paz Armada

La Belle Époque

Belle Époque es el nombre que los europeos dieron a las décadas pacíficas y prósperas que precedieron a la Primera Guerra Mundial. El arranque del siglo coincidió con una fase de expansión económica y avances científicos, pero también con signos de una creciente competencia económica y un aumento de las tensiones nacionales, coloniales e imperialistas. La Segunda Revolución Industrial impulsó a las potencias más avanzadas a adquirir colonias que sirvieran como territorios productores de materias primas y mercados reservados para sus manufacturas. Sin embargo, a principios del siglo XX, la expansión colonial se agotó: la única manera de conseguir nuevos territorios era arrebatándoselos a otra potencia.

Una Época de Revoluciones

La condición obrera mejoró en las sociedades avanzadas: los partidos socialdemócratas abandonaron la vía revolucionaria y participaron en elecciones para impulsar reformas. No obstante, la situación era diferente en otros países más atrasados: Rusia y China entraron en un largo período de convulsiones del que saldrían convertidas en grandes potencias.

  • Rusia. El zar Nicolás II gobernaba como un monarca absoluto. La masa campesina vivía en un ambiente de miseria y violencia, como demuestran las masacres de judíos (llamadas pogromos), mientras que las clases medias ansiaban reformas. La derrota frente a Japón en 1904 causó disturbios. Una manifestación reprimida con violencia (el llamado Domingo Sangriento) inició la Revolución de 1905, sofocada con dureza. El zar tuvo que conceder una asamblea consultiva de apariencia parlamentaria: la Duma.
  • China. En 1900, la rebelión de los bóxeres, dirigida contra las concesiones a las potencias imperialistas, fue aplastada por una coalición extranjera. La dinastía manchú quedó totalmente desacreditada. En 1912 se proclamó la República de China, que ponía fin a un imperio milenario. Esta república, que iba a durar hasta 1949, fue inestable debido a los conflictos internos y a la posterior intervención japonesa.

El Camino hacia la Guerra

Uno de los signos más alarmantes de la Belle Époque fue la carrera armamentística: bajo una calma aparente, los países concertaban alianzas y aumentaban sus arsenales. Era la Paz Armada. Las potencias se vigilaban con desconfianza, pues las ambiciones coloniales y territoriales las enfrentaban entre sí:

  • Reino Unido. Tras varios siglos dominando los océanos, recelaba del crecimiento de la flota alemana.
  • Francia. Quería defender su imperio colonial y soñaba con recuperar Alsacia y Lorena, las provincias que perdió en 1871.
  • Alemania. Temía el fortalecimiento de Rusia y aspiraba a construirse un imperio en África y el Pacífico, en zonas reclamadas por británicos o franceses. Para conseguirlo, contaba con arrebatarle al Reino Unido la hegemonía naval.
  • Austria-Hungría y Rusia. Competían por la hegemonía en los Balcanes, donde se disputaban territorios que habían pertenecido al Imperio otomano. El paneslavismo, o unión de todos los eslavos, era fomentado por Rusia y temido por el Imperio austrohúngaro, donde los eslavos, aun siendo mayoría, se sentían relegados.
  • Italia y Japón. Consideraban que se les había tratado injustamente en el reparto colonial y pretendían expandirse.

Las rivalidades imperialistas de las potencias conducían de manera segura hacia una guerra. Lo que convirtió ese conflicto esperado en una gran guerra (el primer conflicto mundial) fue la formación de dos potentes coaliciones rivales:

  • Triple Alianza. Formada por los Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría) e Italia, aunque esta última cambiaría de bando en 1915.
  • Triple Entente. Los acuerdos entre Francia y Rusia contaron con el respaldo reticente del Reino Unido. Estas tres potencias tenían poco en común, aparte de su temor a las ambiciones alemanas.

La guerra pudo haber estallado en cualquiera de los momentos de tensión de aquellos años: las crisis marroquíes de 1905 y 1911 entre franceses y alemanes, la crisis bosnia de 1908 entre austriacos y rusos, o las dos guerras balcánicas de 1912 y 1913, por las que el Imperio otomano perdió gran parte de sus territorios europeos.

La Gran Guerra

El Estallido de la Contienda

El 28 de junio de 1914 fue asesinado el archiduque Francisco Fernando de Austria. Se sospechó que los servicios secretos serbios y, tal vez también, los de otras potencias europeas, pudieron estar detrás del atentado. Alemania vio la ocasión de debilitar a Rusia, que apoyaba a Serbia, antes de que se hiciera demasiado fuerte, e incitó a su aliado, el Imperio austrohúngaro, a ser intransigente. Serbia se aseguró el apoyo ruso y Rusia, la alianza francesa. Para entonces, solo el Reino Unido e Italia quedaban al margen del inminente conflicto. Viena envió al gobierno serbio un duro ultimátum. Rusia ordenó la movilización general, lo que desató el nerviosismo alemán. Se sucedieron declaraciones de guerra entre las potencias centrales de Alemania y Austria-Hungría contra los aliados de la Entente (Serbia, Rusia y Francia), a los que se unió el Reino Unido tras la invasión alemana de Bélgica.

La Guerra de Movimientos (1914)

Los estrategas creían que la guerra sería breve: el plan alemán intentaba evitar la lucha simultánea en dos frentes. Consistía en derrotar a Francia en el frente occidental antes de luchar en el frente oriental contra Rusia, de la que se esperaba que reaccionase con lentitud. Los alemanes atacaron por sorpresa Bélgica, que era neutral, la atravesaron y consiguieron llegar hasta las proximidades de París. Pero el contraataque francés con apoyo británico paralizó la ofensiva. Además, los rusos reaccionaron antes de lo previsto. Pese a las victorias alemanas en el frente oriental, la situación en el otoño de 1914 era de estancamiento: así seguiría hasta el final del conflicto.

El Desarrollo de la Guerra: La Guerra de Posiciones (1915-1917)

Ambos bandos intentaron romper el equilibrio abriendo nuevos frentes e incorporando nuevos contendientes:

  • Las potencias centrales. De su lado entraron el Imperio otomano y Bulgaria. Los rusos atacaron a los turcos en el Cáucaso, mientras que los aliados alentaban la rebelión de los árabes del Imperio. En el interior del Imperio otomano, la persecución de las minorías cristianas que simpatizaban con los aliados desembocó en el genocidio armenio de más de un millón y medio de civiles.
  • El bando aliado. Sus principales incorporaciones fueron Italia y Rumanía. La entrada italiana se esperaba que fuese decisiva, pero solo sirvió para abrir un nuevo y sangriento frente en la frontera con Austria.

A pesar del gran coste en vidas humanas, la apertura de nuevos frentes no consiguió aliviar la tensión sobre el frente occidental. Allí, pese al uso de nuevas armas, apenas se lograba avanzar unos kilómetros a costa de terribles masacres, como las producidas en las batallas de Verdún, Somme e Ypres. Era evidente que los dos bandos estaban tan igualados que vencería aquel que más resistiera. La guerra entró en una fase de desgaste: cada contendiente atacaba con todos los medios disponibles, mientras estrangulaba económicamente al enemigo. Alemania, que sufría escasez de alimentos y materias primas, dificultaba el abastecimiento marítimo de los aliados atacando a los barcos neutrales con su flota de submarinos.

El equilibrio de fuerzas cambió en 1917 debido a dos sucesos trascendentales, pero de signo contrario:

  • El estallido de la Revolución rusa. Este hecho benefició a las potencias centrales, que podían ya negociar la paz por separado con Rusia desde una posición de fuerza. Además, la deserción de Rusia debilitó a los aliados.
  • La declaración de guerra de Estados Unidos a Alemania. Fue la respuesta norteamericana a los ataques submarinos. Aunque la aportación militar estadounidense fue limitada, su potencia económica revitalizó a los aliados.

El Fracaso de la Ofensiva Alemana (1918)

Al comenzar 1918, las potencias centrales lograron algunas victorias en el frente italiano y neutralizaron a Rusia con la Paz de Brest-Litovsk. Sin embargo, la situación en la retaguardia alemana era tan grave que se temía una revolución similar a la rusa. El alto mando alemán decidió jugar su última baza. En verano, lanzó una gran ofensiva en Francia para romper el frente antes de que llegase la ayuda estadounidense, pero los franceses y los británicos resistieron. En el otoño de 1918, los agotados aliados de Alemania fueron abandonando la lucha, mientras que en las ciudades alemanas se formaban consejos revolucionarios de obreros y soldados según el modelo soviético. Ante la inminencia del colapso, el Ejército dio la guerra por perdida: el káiser abdicó y se proclamó la república. El 11 de noviembre, Alemania pidió un armisticio.

La Revolución Rusa

La Crisis del Zarismo

Rusia era la potencia más débil. El régimen zarista no había aprovechado la lección de la Revolución de 1905 para emprender reformas. La crisis producida por la guerra llevó a la población al límite e hizo inevitable un estallido social. Al iniciarse la guerra, el Imperio ruso movilizó a millones de soldados, pero el abastecimiento era pésimo. La baja moral de las tropas, que no contaban con equipamiento y estaban mal dirigidas, hacía temer un colapso del frente. Además, la industria se dedicó a la fabricación de armamento, lo que empeoró aún más el nivel de vida de la población.

La Revolución en Febrero de 1917

El zar, cada vez más impopular, se negó a poner en marcha reformas inaplazables, hasta quedarse sin apoyos. En febrero de 1917 (marzo en Occidente, pues en Rusia regía el calendario juliano), una manifestación de obreras contra la carestía inició un levantamiento en la capital, Petrogrado. La monarquía se derrumbó sin apenas resistencia y dio paso a un doble poder:

  • Un gobierno provisional, sucesor de la Duma, que asumió el poder en espera de la convocatoria de una Asamblea constituyente. Prometió a los aliados que Rusia continuaría la guerra.
  • Un consejo o sóviet de obreros y soldados partidario de la paz y de una profunda transformación social. Pronto, el movimiento de creación de sóviets se extendió por todo el país.

El Programa Bolchevique

Los sóviets contaban con el apoyo de las tropas, pero la división entre los partidos obreros impidió que tomaran el poder. La mayoría de los socialistas pensaban que Rusia era un país demasiado atrasado y que la revolución proletaria no triunfaría sin un período previo de entendimiento con la burguesía, representada por el gobierno provisional. Para debilitar a Rusia y ayudar al Partido Bolchevique (la facción mayoritaria y más extrema del Partido Socialdemócrata ruso, así como favorable a firmar la paz), el gobierno alemán permitió el paso por su territorio de su líder, Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, exiliado en Suiza. Al llegar a Petrogrado en la primavera de 1917, Lenin resumió el programa bolchevique en las llamadas Tesis de Abril:

  • Entrega del poder supremo a los sóviets.
  • Salida inmediata de la guerra, a cualquier precio.
  • Redistribución de las tierras y colectivización de las industrias.

La Revolución en Octubre y la Guerra Civil

La Revolución de Octubre

En el verano de 1917 se estableció un nuevo gobierno provisional presidido por el socialista moderado Kérenski, que intentó proseguir la guerra. Pero el aplazamiento de las elecciones constituyentes y el cansancio causado por la guerra lo hicieron impopular. En octubre (noviembre del calendario occidental), los bolcheviques se hicieron con el poder en Petrogrado. Kérenski huyó y todos los miembros del gobierno fueron detenidos. El Congreso de los Sóviets, dominado por los bolcheviques, asumió el poder. Se formó un gobierno de comisarios del pueblo que buscó el respaldo popular con las negociaciones de paz y la abolición de la propiedad de la tierra. Pero en las elecciones democráticas a la Asamblea constituyente de enero de 1918, los bolcheviques (que más tarde formaron el Partido Comunista) no obtuvieron mayoría y Lenin ordenó disolverla apenas fue inaugurada. Empezaba así la dictadura bolchevique.

La Guerra Civil (1918-1921)

En marzo de 1918 se firmó la Paz de Brest-Litovsk, por la que Rusia abandonaba la guerra y aceptaba importantes pérdidas territoriales. A causa de la debilidad del régimen, los pueblos no rusos del antiguo imperio se independizaron. Estalló una guerra civil en la que el gobierno bolchevique se enfrentó a un conglomerado heterogéneo de tropas contrarrevolucionarias, denominado los blancos, a los que derrotó en 1921. El triunfo de los bolcheviques en la guerra civil se asentó sobre dos pilares:

  • El Ejército Rojo, creado por Lev Trotski, disciplinado y bien equipado. Se encargó de restablecer el control sobre la mayor parte del país.
  • La policía política o Checa dirigió la represión en el interior, instaurando un régimen de terror. Más adelante, pasó a denominarse Comité para la Seguridad del Estado, conocido como KGB.

La Organización de la Paz

Los Catorce Puntos de Wilson

En enero de 1918, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, formuló catorce puntos con los principios que habían de regir la ordenación de Europa tras la guerra. Sus ideas básicas eran:

  • La libertad de navegación y comercio, ya que el ataque alemán a barcos neutrales había sido precisamente el motivo de la entrada de Estados Unidos en la guerra.
  • El reconocimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación, que condujo a la disolución de los imperios multiétnicos y al diseño de un nuevo mapa de Europa. Este derecho no se aplicó a las colonias.
  • La renuncia a la diplomacia secreta, que había contribuido al inicio de las hostilidades, aunque en realidad nunca dejaría de practicarse.
  • La fundación de una Sociedad de Naciones para solucionar los conflictos de manera pacífica.

Los alemanes dirigieron a Wilson su petición de armisticio con la esperanza de negociar con él una paz más benigna de acuerdo con esos puntos. Sin embargo, en las negociaciones prevaleció finalmente la postura francesa, más intransigente, que exigía reparaciones por los daños sufridos. Rusia no participó en las negociaciones y fue tratada como perdedora. Los territorios periféricos que habían pertenecido al Imperio ruso (las nuevas repúblicas de Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania, y las regiones anexadas a Polonia y Rumanía) debían actuar como una barrera preventiva («cordón sanitario») que impidiera el contagio comunista a los demás países.

Los Tratados de Paz

Las negociaciones que pusieron fin a la guerra se conocen como Paz de París, aunque los distintos tratados que estipulaban las condiciones impuestas a cada uno de los derrotados conservan el nombre de los palacios donde se firmaron:

  • Tratado de Versalles. Alemania se vio obligada a asumir la responsabilidad de la guerra. Además de devolver Alsacia y Lorena a Francia, tuvo que pagar reparaciones: como garantía del pago, tuvo que aceptar la ocupación del Sarre. También perdió territorios en el este: Prusia Oriental quedó aislada del resto del país por el pasillo de Danzig, que proporcionaba a Polonia una salida al Báltico. Alemania entregó sus colonias y tuvo que aceptar la desmilitarización de Renania, además de la reducción de su ejército y sus arsenales.
  • Tratado de Saint-Germain-en-Laye. El Imperio austrohúngaro se desmembró. Austria (vetada su unión con Alemania) quedó reducida a un pequeño país sin salida al mar. Surgieron Checoslovaquia, que incluía minorías alemanas y húngaras, y Yugoslavia, que integró a eslovenos, croatas, bosnios, macedonios y montenegrinos. Italia solo obtuvo pequeñas ganancias territoriales.
  • Tratado de Trianon. Hungría perdió dos tercios de su territorio y se convirtió en un pequeño país. Cedió Transilvania a Rumanía, que recibió también territorios de Rusia.
  • Tratado de Neuilly. Bulgaria tuvo que entregar a Grecia su costa en el Egeo.
  • Tratado de Sèvres. El Imperio otomano desapareció y fue sustituido por la República de Turquía. Sus territorios árabes fueron repartidos como mandatos entre británicos y franceses, que habían firmado en 1916 un pacto secreto, conocido como el acuerdo Sykes-Picot, para repartirse las áreas de influencia en Oriente Próximo, pese a la promesa de autonomía hecha a los árabes por el Reino Unido.

El Balance de la Gran Guerra

La Primera Guerra Mundial produjo la mortalidad más elevada conocida en un conflicto hasta entonces: unos diez millones de vidas humanas perdidas, además de veinte millones de heridos e inválidos. Europa quedó muy debilitada política y moralmente. Aunque los vencedores conservaron e incluso aumentaron sus imperios, la misión pacificadora utilizada como coartada para la colonización quedaba desmentida. Se ha dicho que esta guerra fue «el suicidio de Europa», cuyo declive posterior contrastó con el auge de potencias no europeas, como Estados Unidos y Japón. La paz también estuvo llena de errores. Uno de ellos fue que llegó demasiado tarde, cuando ya había tantos odios y deseos de revancha acumulados que resultó imposible establecer un orden duradero. El inmenso anhelo pacifista no resistió ni una generación. Una de las razones de ese fracaso fue la debilidad de la Sociedad de Naciones. Esta había nacido gravemente comprometida, pues su impulsor, el presidente Wilson, no llegó a conseguir la participación de Estados Unidos, donde afloraba un sentimiento aislacionista. Tampoco se invitó a la URSS, y los países derrotados, como Alemania y Turquía, no fueron admitidos hasta años después.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *