La Angustia Existencial y la Búsqueda de Sentido en la Literatura del Siglo XX


1. Ante el problema de la existencia y de las dudas y conflictos que ésta acarrea,¿qué dos actitudes adoptan los escritores del Siglo XX?
La crisis de valores y la confusión que siguen a las dos guerras mundiales agudizan el pesimismo reinante hasta el punto de que la angustia vital se convierte en uno de los temas recurrentes de la literatura contemporánea. Ante este problema, los escritores adoptan dos actitudes:A) Unos buscan respuestas en la religión y tratan de encontrar en Dios y en los valores espirituales razones que den sentido a la vida.
Dentro de este grupo, los hay con una religiosidad segura, serena y reconfortante; y también quienes viven la fe de una manera conflictiva, incluso a veces desgarrada, con profundas dudas e incertidumbres. B) Otros autores no encuentran consuelo alguno en un Dios en el que no creen, y presentan al hombre inmerso en la más absoluta soledad y enfrentado al absurdo de su existencia. Son los llamados escritores existencialistas.

Autores vinculados a una religiosidad serena: Paúl Claudel y Gilbert K. Chesterton

A principios del XX, algunos escritores resuelven sus conflictos interiores convirtiéndose al cristianismo. Desde ese momento, dotan a sus obras de un fuerte contenido religioso, sin cuestionarse la fe desde un punto de vista racional, sino aceptándola con entusiasmo. Así ocurre por ejemplo con Paúl Claudel (1868-1955), quien se sintió súbitamente iluminado por Dios en la Catedral de Notre-Dame en un día de Navidad. Sus Cinco grandes odas son un canto exaltado a la creación divina. Juan Pablo II, gran admirador de la obra de Paúl Claudel, utilizó estos versos suyos, de Là Messe Là-Bas, en una de sus reflexiones sobre el misterio de amor que encierra el sacramento de la eucaristía. Por otro lado, el autor inglés Gilbert K. Chesterton (1874-1936) crea la figura de un sacerdote y detective católico que protagonizará las cinco Historias del padre Brown, novelas policíacas donde Chesterton aúna, de manera brillante, la intriga, el humor y la teología. Por otro lado, en su popular novela
El hombre que fue jueves, las fuerzas del orden (representadas por la Policía) y las fuerzas del desorden (encarnadas por los anarquistas) terminan confundíéndose tras una intriga descabelleda. La liviandad y el sentido del humor priman al narrar las aventuras del detective y poeta Gabriel Syme en su cruzada fantástica contra una conspiración anarquista, en un Londres emblemático en el que se va a librar una especie de gran batalla entre el Bien y el Mal. Chesterton es también autor del libro de memorias Por qué soy católico (editorial El buey mudo).


Autores vinculados a una religiosidad conflictiva: Giovanni Papini


Giovanni Papini (1881-1956): fue muy sonada la conversión al cristianismo de este escritor italiano exaltado, agudo y polémico. El Juicio Universal, su obra más ambiciosa, quedó sin concluir. En ella, numerosos personajes, unos históricos y otros inventados, desfilan ante el lector para confesar con crudeza sus grandes errores y pecados, lo que le sirve a Papini para dar su visión negativa del mundo y hacer una apología del cristianismo como camino de salvación. Una década antes del estallido de la II Guerra Mundial, Papini publicó su obra más polémica y universal, Gog, con la que consiguió su primer best-seller internacional.Traducida rápidamente a los principales idiomas del planeta, en esta novela extraña y original narra las peripecias de un excéntrico millonario de origen norteamericano, Goggins, que ha abreviado su nombre a tres letras para hacerlo coincidir con el de uno de los personajes del Apocalipsis, Gog, rey de Magog. A lo largo de setenta capítulos, este demonio del capitalismo, un ser primitivo, cínico y cruel, tan egoísta que sólo vive para obtener su propia felicidad, indaga sobre las causas que han hecho del mundo un lugar «cada vez más espantoso y peligroso». A golpe de talonario, Gog logra entrevistarse con los personajes más relevante de su época (Gandhi, Lenin, H. G. Wells, Edison, Freud, Einstein…) en busca de respuestas a los males de una sociedad enferma y enloquecida, empeñada en su autodestrucción. El resultado ofrece un universo donde la imaginación, el sentido del humor y la sátira denuncian una realidad antipática con espíritu provocador.

Autores vinculados a una religiosidad conflictiva: Graham Greene

El inglés Graham Greene (1904-1991) desarrolla muchas de sus intrigas policíacas en contextos de violencia y exotismo (lepra en África, persecución religiosa en México, guerra en Vietnam…), y con personajes que viven un intenso drama espiritual. En El poder y la gloria, un sacerdote corrompido acaba, paradójicamente, aceptando el martirio y alcanzando la santidad. Es autor de textos legendarios como el de El tercer hombre, pensado para el filme que dirigíó Carol Reed; El cónsul honorario y El americano impasible. Cree el autor que el hombre imperfecto, el que está más cerca de las fuerzas del mal y se siente atraído por ellas, es precisamente el que más necesita de Dios y, en un momento dado, anhelará acercarse más a él, inconscientemente; puesto que es en el fracaso, no en el éxito, donde nos exponemos a nuestras debilidades y reconocemos nuestras carencias y errores. En el caso de Graham Greenem,


la traición en sus variantes más conocidas –políticas, espirituales, sexuales…– es uno de los conceptos que mejor ilustra la noción del mal que plantea. En sus obras, coexiste una actitud dual, una lucha entre el bien y el mal, entre la condena y la salvación, entre la fuerza y la debilidad; y esta dualidad existirá también entre la capacidad humana de amor, de compasión, miedo y desesperación, y la infinita misericordia de Dios en la que él cree. El bien y el mal coexisten dentro de una inexplicable maraña que aboca a sus personajes a situaciones dramáticas. La traición, el engaño, el complejo de Judas, figuran para él al mismo nivel de preocupación que la injusticia, la irresponsabilidad o los celos. Prácticamente en todas sus novelas se describe, con detalles minuciosos, la muerte o el suicidio de uno a varios personajes.

¿Contra qué combate el francés André Gide y sobre qué advierte al lector en Los sótanos del Vaticano?

El francés André Gide (1869-1951), que había nacido en una familia protestante, asumíó el debate sobre el papel del Evangelio en la sociedad de su tiempo y apostó sin reservas por la figura de Cristo, pero un Cristo sin Iglesias, ya que consideraba que tanto la católica como la protestante habían desvirtuado su mensaje. Premio Nobel de Literatura en 1947, combate las convenciones morales, educativas y religiosas que, en su opinión coartan la libertad del hombre. Precisamente, en Los monederos falsos contrapone la actitud de quienes se rebelan contra los convencionalismos (moneda auténtica), a la de quienes se dejan arrastrar por ellos (moneda falsa). En Los sótanos del Vaticano (*) intenta hacerle ver al lector el peligro que entraña aferrarse de un modo irracional a cualquier creencia, idea fija o escala de valores, ya que considera que esta actitud puede desembocar en el fanatismo, la intransigencia y la negación de otras verdades, culturas, conocimientos y valores. También advierte sobre los peligros que conlleva el hecho de borrar toda distinción entre el Bien y el Mal, dejándose llevar por los actos gratuitos que solo buscan la simple afirmación del yo.

Tres carácterísticas esenciales del existencialismo

Arrastrados por la desesperanza y por las propias tormentas interiores, los escritores existencialistas repiten en su literatura ciertas constantes:A) Angustia vital o existencial: fruto de la contradicción entre el ansia de eternidad y la naturaleza mortal del hombre.B) Rebeldía ante Dios, o negación del mismo, por consentir ese absurdo que deja al hombre solo frente a su destino.C) Un pesimismo sombrío, consecuencia de una existencia a la que el hombre no encuentra sentido.


Coincidencias entre Jean Paúl Sartre y Albert Camus


La vida, la obra y las ideas de los franceses Jean Paúl Sartre (1905-1980) y Albert Camus (1913- 1960) mantienen un estrecho paralelismo: A) Participaron en los mismos acontecimientos (la guerra y la resistencia contra el nazismo), y en el mismo bando (la izquierda). B) Utilizaron la novela y el teatro para dar forma a sus ideas filosóficas: la negación de Dios, la libertad del hombre, la angustia existencial, la necesidad de la solidaridad y el compromiso, etcétera. C) Se comprometieron con su época (a partir de ellos cobra sentido el término intelectual comprometido), denunciando las injusticias y todo aquello que reprime la libertad del hombre: las perversiones de partidos políticos, religiones, gobiernos totalitarios, realidades artificiales (como la del afán de un consumismo desaforado), etcétera.

Hanna Harend: el compromiso intelectual y la naturaleza del mal

Hannah Arendt (Hannover, 1906-Nueva York, 1975) es una filósofá alemana, de ascendencia judía, que padecíó las consecuencias terribles de la la subida de Adolf Hitler al poder. Deportada al campo deconcentración de Gurs, del cual escapó, logró viajar como refugiada a París, en 1933, donde colaboró con organizaciones que ayudaban a judíos perseguidos a emigrar a Palestina. En 1940 viajó a Estados Unidos, primero a la ciudad de Nueva York, donde trabajo como periodista. Tras publicar Los orígenes del totalitarismo (1951) inició su carrera académica en Norteamérica. Es autora de algunos de los títulos clave en el campo de las ciencias políticas y de la reflexión filosófica en torno a la naturaleza del mal, entre ellos, el ensayo ya citado y el libro de crónicas periodísticas Eichmann en Jerusalén (1961).

Hannah Arendt y Los orígenes del totalitarmos (1951)

Con esta obra comenzó Hannah Arendt a estudiar el mal como problema político, a través de las acciones perpetradas por los regíMenes de Adolf Hitler –líder del nacionalsocialismo imperante en la Alemaniza nazi–y del líder comunista ruso Stalin –que gobernó férreamente la URSS desde 1929 hasta su fallecimiento en 1953–,los cuales a pesar de sus claras diferencias ideológicas, se basaron y sustentaron en el empleo del terror y la manipulación de la realidad y de la legalidad, de manera que se criminalizaron y castigaron personas que no habían cometido delito alguno (judíos, gitanos, homosexuales, intelectuales, etcétera),quienes fueron asesinados cuando dichos regíMenes alcanzaron el poder. Los regíMenes totalitarios se aprovechan de las masas, que se caracterizan por ser heterogéneas y que van a ser presa de la propaganda y del discurso de un líder que se dirige a ellas logrando lealtad total e incondicional al movimiento totalitario.


Hannah Arendt y Eichmann en Jerusalén (1961)


A partir del juicio que en 1961 se llevó a cabo en Israel contra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia, Hannah Arendt estudia en este ensayo las causas que propiciaron el Holocausto, el papel equívoco que desempeñaron en tal genocidio los consejos judíos –cuestión que, en su época, fue motivo de una airada controversia–, así como la naturaleza y la función de la Justicia, aspecto que la lleva a plantear la necesidad de instituir un tribunal internacional capaz de juzgar críMenes contra la humanidad.Poco a poco, la mirada lúcida y penetrante de Arendt va desentrañando la personalidad del acusado, analiza su contexto social y político y su rigor intachable a la hora de organizar la deportación y el exterminio de las comunidades judías. Al mismo tiempo, la filósofá alemana estudia la colaboración o la resistencia en la aplicación de la Solución final por parte de algunas naciones ocupadas, expone problemas que aún hoy día no se han dilucidado –la relación entre la legalidad y la justicia– y cuya trascendencia sigue determinando la escena política de nuestros días. Hannah Arendt recibíó el encargo de la revista The New Yorker de cubrir en Jerusalén el juicio al que fue sometido Adolf Eichmann, dirigente nazi responsable de lacitada Solución final. Cuando Arendt publicó esos reportajes en forma de libro con el título Eichmann en Jerusalén y lo subtituló Sobre la banalidad del mal, fueron muchas las críticas que recibíó por parte de varias asociaciones judías estadounidenses e Israelíes. Su concepto de banalidad del mal hirió muchas sensibilidades. Mientras que el fiscal en Jerusalén, de acuerdo con la opinión pública, retrató a Eichmann como a un monstruo al servicio de un régimen criminal, como a un hombre que odiaba a los judíos de forma patológica y que fríamente organizó su aniquilación, para Arendt, no obstante, Eichmann no era un demonio, sino un hombre normal con un desarrollado sentido del orden que había hecho suya la ideología nazi, que no se entendía sin el antisemitismo, y, orgulloso, la puso en práctica. Arendt insinuó que Eichmann era un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satánás, sino una persona terriblemente y temiblemente normal; un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir.


¿Por qué dice Sartre que el hombre es una existencia entre dos nadas?


Porque, según él, nada le precede (antes de la vida) ni nada le espera (después de la muerte). La angustia vital o existencial que corroe al hombre tiene su origen en la necesidad de hacerse a sí mismo y de ejercer la libertad a la que está condenado tras la muerte de Dios y la necesidad de tomar las riendas de sus propia vida. Al mismo tiempo, su ansia irreprimible e irrealizable por lo absoluto, por no morir, por ser Dios en el sentido de poder decidir sobre la vida y la muerte, lo convierte en una criatura absurda, en una pasión inútil. La única rebeldía posible la evidencia de la muerte está en la acción, aunque ésta vaya también a parar al abismo de la nada. Su novela más conocida es La nausea, una obra de juventud en la que, por medio de un diario, un joven transmite su angustia vital, su extravío en un mundo carente de solidez, de orden y de significado. Esa angustia es una sensación que Sartre identifica físicamente con la náusea.

¿Qué denuncia Sartre en Las moscas?

En la obra de teatro Las moscas, Sartre denuncia, a través de la utilización del mito clásico de Electra, que quien calla ante la injusticia colabora con ella, no es ajeno a las injusticias que se cometen, se convierte en cómplice de los abusos, del mal que se ejerce sobre los otros. Su pasividad, su apartar la mirada, su creerse ajeno a lo que sucede, el no sentirse concernido por el sufrimiento provocado que otros padecen, lo convierten también en culpable. Escrita en 1943, el tema fundamental que se trata en Las moscas es el de la libertad y el de la responsabilidad que conlleva ser libre: la valentía que se requiere para defender la libertad individual, el derecho a tomar decisiones que no siempre responderán a lo que la mayoría acepta como lo más conveniente, y el deber irrenunciable de asumir las consecuencias de nuestros actos. Porque somos responsables de nuestros actos; somos los que, finalmente, decidimos nuestro modo de actuar o de situarnos al margen de lo que acontece a nuestro alrededor. A veces, estaremos más solos si somos valientes que si nos refugiamos en la cobardía o en la comodidad de la masa. La obra fue escrita en plena ocupación nazi de Francia, y en ella queda claro el rechazo de Sartre a cualquier forma de totalitarismo, político o religioso, que prive al hombre de la plena conciencia de su libertad.


¿Qué imagen ofrece Sartre del infierno en A puerta cerrada?


En la obra de teatro A puerta cerrada, Sartre describe una peculiar visión del infierno: el infierno son los demás, el infierno son aquellos con los que hemos de convivir sin entendernos, sintiendo sus miradas clavadas en nosotros, su juicios y reproches flotando constantemente en torno nuestro. Es una reflexión sobre las dificultades de comunicación, de entendimiento, que afecta a los individuos de las sociedad contemporánea. La obra, protagonizada por tres personajes -Garcin, Inés y Estelle- que, tras fallecer, son trasladados al infierno, una habitación cerrada en la que jamás se apaga la luz, se construye sobre un dinámico, y en ocasiones trepidante, juego de estrategias en el que se tejen y destejen alianzas y se destilan odios y cercanías. Si en Las moscas, Sartre había ubicado la acción dramática en la Antigua Grecia, dándole una gran importancia al mito de Electra [repase el alumno la importancia y singularidad de este mito clásico], en A puerta cerrada nos devuelve al universo helénico a través de la última frase de la obra, pronunciada por Garcín: Pues bien, continuemos. Una frase que nos habla del suplicio eterno, circular, al que se encuentran sometidos los protagonistas. Los tres son una especie de sísifos [repase el mito de Sísifo] o prometeos [repase el mito de Prometeo, del que se habló en clase ampliamente a raíz del comentario de la fábula El buitre de Franz Kafka], que verán su condena extenderse de modo eterno, y de modo eterno se reproducirán sus alianzas y enfrentamientos.En A puerta cerrada, la mirada se convierte en el instrumento más constante de las relaciones interpersonales. Bien se trate de ojos que miran, o de ojos que sirven de espejo. Los ojos del otro nos aprisionan con su mirada. Cobra sentido lo que escribe Jorge Luis Borges a propósito de los espejos: Yo temo ahora que el espejo encierre el verdadero rostro de mi alma. Por otro lado, podría entenderse que la condición de muertos de los protagonistas es una metáfora que hace referencia a todos aquellos que se sienten enjaulados, presos en una serie de hábitos, de costumbres, que los oprimen pero que no intentan cambiar. Son víctimas de su propia pasividad. En ocasiones, soportar el peso de las circunstancias en las que nos toca vivir el día a día puede conducirnos a no actuar, e incluso a la parálisis. Se da en el personaje de Garcín una carácterística que es interesante resaltar: en un principio, sus actitudes y estrategias para intentar conseguir una relación los menos conflictiva posible con sus compañeros de infierno son muy variadas: se muestra cortés,


en ocasiones decide callarse para que afloje la crispación, mantiene cierta actitud de ofrecer ayuda, y se le ve dispuesto a establecer vínculos que puedan hacer menos insoportable la eternidad que les espera. Pero todo ello se verá frustrado por la actitud de Inés, el personaje que más dispuesta a estar a asumir la responsabilidad de sus actos en vida, y a pagar por ellos, y que menos interés tiene en hacer nada que facilite una convivencia más agradable. Todo lo contrario, desea la confrontación y la propicia.

Doctrina de la acción en El existencialismo es un humanismo

Sostiene Sartre que el hombre, un ser para la muerte (idea también defendida por el filósofo alemán Martín Heidegger), encuentra la única posibilidad de rebeldía ante su destino en la acción , aunque ésta también vaya a parar a la nada. La doctrina sartreana de la acción es defendida en su obra El existencialismo es un humanismo. En ella insiste en que el hombre es un proyecto, un ser plenamente responsable de sus actos, porque nada existe previamente a él y será ante todo lo que haya proyectado ser. Bajo este punto de vista, Sartre entiende su existencialismo como una corriente optimista, si por optimista se entiende su apuesta por la acción, su compromiso con ella. Cada instante empuja al hombre a inventarse a sí mismo: El hombre es el porvenir del hombre. Existe una página en blanco, un porvenir virgen por conquistar. Dice Sartre: Es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nadie puede salvarlo de sí mismo.

Simone de Beauvoir: existencialismo y feminismo

“El hombre se eleva sobre el animal al arriesgar la vida no al darla: Por eso la humanidad acuerda superioridad al sexo que mata y no al que engendra” (El segundo sexo) Simone de Beauvoir (París, 1908 – París, 1986) es una de las intelectuales francesas más importantes del Siglo XX, todo un ícono de las reivindicaciones de la mujer y de los movimientos que luchan tanto por la equidad de género como, en general, por erradicar las prácticas sociales que reducen a la mujer a un segundo plano. La pensadora y escritora, miembro destacada de una generación de por sí notable, vivíó el cruce de corrientes de pensamiento particularmente estimulantes como el existencialismo y el marxismo, con las cuales dialogó para formar su propia manera de entender y, lo más importante, cuestionar el mundo. Autora del lengendario ensayo El segundo sexo (1949), suya es también la novela Los mandarines (1954), con la cual ganó el prestigioso premio Goncourt, así como el relato autobiográfico Memorias de una joven formal (1958). Licenciada en Filosofía en la Sorbona,


donde posteriormente ejercería como profesora, fue compañera sentimental [en el marco de una relación abierta en la que no se debían fidelidad] de Jean-Paúl Sartre desde 1935, lo que no le impidió en ningún momento desarrollar su propia y doble vertiente de narradora y ensayista. En La ceremonia del adiós (1981), relata los últimos años de Sartre, los que transcurren desde el Mayo del 68 francés hasta su muerte, en 1980, tras sufrir una agónica depauperación mental. Allí se leen estas palabras: «Su muerte nos separa; mi muerte no nos unirá. Ya es hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo».

¿Cómo se siente el protagonista de El extranjero (*1) y de qué es una metáfora esta novela de Camus?

Su protagonista, Meursault, mata inexplicablemente a un hombre y, sin intentar siquiera justificarse, se deja condenar a muerte. Esta novela, que transcurre en Argel, es toda una metáfora de la carencia de valores del mundo contemporáneo, en el que las guerras y otras formas de violencia han contribuido al fortalecimiento de la insensibilidad y de la falta de humanidad. El protagonista de El extranjero se siente ajeno a toda moral establecida, y tampoco parece concederle un gran valor a la Ley, aunque es respetuoso con las normas y, muy en general, no busca conflictos que dificulten su integración en la sociedad.

Realismo y simbolismo en La peste

En esta novela, publicada en 1947, ya finalizada la Segunda Guerra Mundial, Camus describe la ciudad argelina de Orán asolada por la peste: la invasión de las ratas, la muerte, el aislamiento y la actitud de los habitantes de la ciudad. Queda claro en La peste que, llegado el caos, los inocentes sufren y mueren mientras que los pillos, habitualmente, intentan enriquecerse sin escrúpulos. Y, mientras esto ocurre, los más lúcidos luchan contra la epidemia dando muestras de heroísmo y solidaridad. En definitiva, se constata en esta novela que también en el hombre hay cosas dignas de admiración. La novela es a la vez realista y simbolista, y viene a ser una alegoría de otro mal mucho más devastador que acaban de sufrir millones de personas: la guerra. Ambas (la epidemia y la guerra) llegan de repente, duran no se sabe cuánto y terminan dejando a su paso un rastro de desolación y de muerte. Hay otra peste, además, que no puede combatirse desde fuera, porque se incuba en el interior del ser humano: esa peste es la tendencia a la tiranía, a la violencia, a la venganza, al abuso…; todo aquello que tiene que ver con el horror, el horror al que se refiere el agente comercial llamado Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad). Camus cuenta la propagación de la epidemia con gran Realismo,


situando a los personajes frente a la crueldad de un destino que afecta sin distinción a culpables e inocentes. Todos son prisioneros, todos son víctimas. La única solución es la lucha solidaria: combatir el mal supone una apelación a la solidaridad. Escribe el poeta gaditano José Manuel Caballero Bonald: La voluntad de seguir viviendo es ya como una forma de dignidad humana frente al absurdo, un acto de rebeldía contra la injusticia de la muerte.

Carácterísticas fundamentales de la llamada literatura social

Frente al denominado arte puro, siempre ha habido unos escritores comprometidos que, sin renunciar a las preocupaciones filosóficas y a los experimentos formales, se han fijado como objetivo principal denunciar las injusticias sociales que afectan al hombre. No se limitan a reflejar los conflictos sociales (opresores-oprimidos, burgueses-proletarios, capitalismomarxismo, derecha-izquierda, etcétera), sino que pretenden concienciar a los lectores para que intenten transformar ese estado de cosas. Aunque en la época de entreguerras algunos denuncian ya determinados problemas sociales, es Jean-Paúl Sartre, el padre del existencialismo, quien sentará las bases de esta literatura social, siguiendo los postulados de Karl Marx: Primero: El escritor, por ser hombre, es responsable de lo que ocurre en el mundo (guerras, revoluciones, miseria, injusticias…), y si no toma partido por los oprimidos se hace cómplice de los opresores. Pero comprometerse no significa sumarse sin más a un determinado partido político, porque la literatura se envilece si se reduce a mera propaganda ideológica. Segundo: El compromiso social debe ir unido al compromiso estético (con la belleza, con el lenguaje, con las nuevas formas y técnicas literarias…), porque la literatura no consiste solo en decir cosas, sino en decirlas de una determinada manera. 

Explique el contexto histórico en el que surgen los escritores de la llamada Generación perdida norteamericana

Tras la Primera Guerra Mundial, la juventud norteamericana, desengañada de los grandes ideales, se entregó a la búsqueda de una existencia lo más placentera posible (adoración por la noche, alcohol, fiestas desaforadas…). Tuvieron lugar los llamados felices años 20, cuyo final llegó bruscamente con el famoso crack del 29, la trágica caída de la Bolsa de Nueva York que tantas fortunas aniquiló y tantos suicidios provocó. En esta época surgieron unos escritores que expresaron en sus obras el tiempo que les tocó vivir, marcados por la guerra y por una personalidad apasionada y rebelde que contribuía a que no pudieran adaptarse fácilmente a la sociedad ni a sus normas y valores establecidos.


Todos ellos, embarcados en vidas y carreras literarias muy diferentes, coincidieron en su visión crítica de la guerra y también de la opulenta sociedad norteamericana, obsesionada por el dinero. El término Generación perdida se debe a la mecenas y escritora norteamericana, de origen centroeuropeo, Gertrude Stein (1874-1946), a la que estos autores trataron en su casa de París, donde recibían estímulo y apoyo. También a una cita que aparece en su obra Autobiografía de Alice B. Toklas (1933). Es la siguiente: Como no habían arreglado mi auto, el patrón del taller llamó al chico y lo increpó: ‘Sois una generación perdida‘ le dijo. A Gertrude Stein se refirió Hemingway como la madre de todos nosotros. Los autores de la Generación perdida norteamericana son:1. William Faulkner (1897-1962)2. John Dos Passos (1896-1970)3. Ernest Hemingway (1899-1961)4. Francis Scott Fitgerald (1896-1940)

¿Por qué sentía atracción William Faulkner y qué personalidad tenía este autor?

Atraído por lo primitivo, lo macabro, lo anormal y lo grotesco, el autor de novelas como El ruido y la furia, La paga de un soldado y Mientras agonizo pinta un mundo caótico y en descomposición, inundado de tonos sombríos. Audaz a la hora de innovar técnicamente, le gusta implicar al lector en la lectura de sus textos, poniendo a prueba su inteligencia y su intuición, y sabe muy bien analizar el alma humana en profundidad con un estilo brillante. Premio Nobel de Literatura en 1944, nace en el seno de una familia de aristócratas sudistas arruinados por la guerra. Llegó a Europa en plena Guerra Mundial, sufriendo un accidente de avión que le causó heridas y quedó fijado en su memoria. Tenía una personalidad singular: complejo y desconcertante, este granjero que presumía de serlo solía escribir sus libros en estado de trance: frecuentemente ebrio. (Un día estuvo a punto de quemarse vivo, tras caer sobre una gran estufa). Para comprenderlo, habría que situarlo en la línea de los grandes escritores alucinados, como es el caso del extraordinario Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849), cuyos relatos fantásticos y de terror han sobrecogido y siguen haciéndolo a millones de lectores en todo el mundo.

22. ¿Quién fue el autor de la Generación perdida norteamericana más comprometido políticamente, quiénes protagonizan sus novelas y qué cara de América muestra en ellas?

John Dos Passos fue el autor más comprometido políticamente de su generación, sobre todo en la lucha contra la pena de muerte, por cuya abolición luchó con entusiasmo, y en la defensa de los derechos de los obreros. Amigo también de innovar las técnicas narrativas, sus novelas tienen como protagonista


a la colectividad. Tanto en Manhattan Transfer como en la trilogía U.S.A., ofrece Dos Passos la cara oculta de América, corroída por la frivolidad y la degeneración. En ambas utiliza un montaje cinematográfico (muy visual), a base de trozos de historias y de conversaciones, recortes de prensa y todo tipo de materiales fragmentarios.

La vida aventurera de Ernest Hemingway

La obra del autor de El viejo y el mar debe mucho a su vida aventurera; en realidad, su propia vida parece una novela. A los 19 años marchó a París a estudiar. Cuando estalló la Guerra del 14, se alistó en el frente italiano [condujo ambulancias] y fue gravemente herido. Durante su convalecencia, se enamoró de una enfermera norteamericana que prefirió corresponder a un oficial italiano. Acabada la guerra, marchó de corresponsal de prensa a Oriente Próximo, Grecia y París. Participó en la Guerra Civil Española (apoyando al bando republicano), tomó parte durante la Segunda Guerra Mundial en el histórico desembarco de Normandía y vivíó la experiencia de ser de los primeros extranjeros en entrar en la Francia liberada de las tropas nazis. Llegada la paz, siguió buscando la aventura en los viajes y en la caza mayor en África. Sobrevivíó a dos accidentes de avión, uno de ellos en plena selva. Cuando sintió cercana la muerte, este gran aficionado a las corridas de toros y a la vida apasionada salíó a su encuentro pegándose un tiro. Su padre también se había suicidado, y este hecho estimuló sin duda la fuerza dramática de su escritura. De hecho, a las pocas semanas del suicidio de su padre comenzó a escribir Adiós a las armas, novela en la que un oficial norteamericano descubre que solo el amor de una enfermera británica de la que se ha enamorado podrá dar sentido a su vida. Se trata de un amor por el que merece la pena arriesgarse y huir, en plena guerra, de Italia a Suiza. El autor de París era una fiesta y Las verdes colinas de África recibíó el Premio Nobel de Literatura en 1954.

24. ¿A qué es un canto Por quién doblan las campanas, en qué contexto se desarrolla su acción y qué carácterísticas fundamentales tienen los personajes de este autor?

Por quién doblan las campanas, novela de Ernest Hemingway ambientada en la Guerra Civil Española, es un canto al espíritu de sacrificio y a la solidaridad. En general, sus personajes participan de la atracción por el peligro y del interés por el amor y por la pasión desmesurada por disfrutar de la vida que caracterizaron al autor. Muchos de ellos mueren en mitad de un mundo violento y suelen desafíar al destino aunque sientan miedo a lo desconocido; no dejan que el miedo les paralice. Asumen riesgos, miran a la vida de frente.


Personalidad e importancia literaria de Francis Scott Fitgerald


Reflejó y padecíó la desorientación y el malestar de su época. Aficionado a las fiestas, los hoteles de lujo y la bebida, acabó arruinado y hundido en el alcoholismo. Nacido en el seno de una modesta familia de origen irlandés -su padre era viajante de comercio, la misma profesión del personaje Gregorio Samsa en La metamorfosis-, gracias a una tía suya pudo estudiar en colegios de élite. La fascinación por el dinero y la amargura por no haberlo tenido en abundancia durante su niñez será uno de los graves efectos de esa educación desclasada. Muy influenciado por su mujer, Zelda Sayre, su vida sufríó un giro radical tras el violento ataque de locura que ésta sufríó en París en 1930. En su escritura se aprecia una poética desilusión, una gran capacidad para adivinar los desenlaces de las falsas felicidades que nos prometen. Alcoholizado y con su mujer internada, intentará suicidarse en dos ocasiones. Es, sin duda, el novelista de entreguerras que mejor describe el intento frenético de la sociedad occidental por olvidar los horrores que ha vivido en la I Guerra Mundial y los que les esperan en la que está próxima a llegar.
Fitzgerald creó uno de los mitos de la literatura del Siglo XX, el gran Gatsby, y contribuyó de un modo fundamental a la descripción de su época. Su primera novela, A este lado del paraíso (1920), narró la educación sentimental de su generación, y sus cuentos inventaron la edad del jazz y configuraron las emociones y la imaginería de los años veinte. Hermosos y malditos (1922) adivinó el fin de la fiesta inagotable («la mayor orgía de la historia», según el propio Fitzgerald) y lo preparó para escribir El gran Gatsby (1925). Pasó por Hollywood, a la busca de dinero en el nuevo paraíso cinematográfico, y fracasó. La gran depresión económica de 1929 la vivíó como depresión y quiebra personal. Suave es la noche (1934), su cuarta novela, volvíó a demostrar la extraordinaria capacidad de Fitzgerald para sentir y contar la compenetración indisoluble entre los grandes hechos históricos y la historia íntima de los individuos.En Diciembre de 1933 su mujer, Zelda Sayre, había sido internada en una clínica psiquiátrica. En 1937 Fitzgerald volvíó a Hollywood como guionista. Su nombre sólo aparecería en los créditos de una película sonora, Tres camaradas, y por bebedor fue despedido de su último trabajo en la gran capital de la industria del cine, donde murió de un ataque al corazón. Su novela final, inacabada, El último magnate, hablaba de ladesilusión que le había provocado la industria cinematográfica de de Hollywood.


El gran Gastby. ¿Qué importancia tiene este personaje y por qué decimos que es un héroe trágico?


T. S. Eliot había juzgado así El gran Gatsby: «Me parece el primer paso que da la ficción americana desde Henry James (*)». En El gran Gatsby retrata a toda su generación, carente de valores morales y deslumbrada por el éxito social y el dinero. (*) Henry James, autor de la recomendable y fantasmagórica novela de misterio Otra vuelta de tuerca. Jay Gatsby, el personaje que da nombre a uno de los mitos creados por la novela del Siglo XX, es un misterio, el hombre que se inventó a sí mismo y ha amasado una inmensa fortuna para reconquistar a la deslumbrante Daisy Buchanan, que una vez lo amó. Nadie sabe de dónde ha salido. Estamos en la primera hora de la edad del jazz, en los felices y cinematográficos años 20, en Nueva York, tiempo de diversión y emoción, orquestas y tiroteos. Gatsby vive en una fabulosa casa de Long Island, y a sus fabulosos bailes acuden cientos de criaturas a quienes no hace falta invitar, insectos alrededor de la luz del festín. La puerta está abierta, y la atracción más enigmática del espectáculo es el dueño de la casa, un millonario que quizá sea un asesino o un espía, sobrino del emperador de Alemania o primo del demonio, héroe de guerra al servicio de su país, los Estados Unidos de América, o simplemente un gángster, un muchacho sin nada que se convirtió en un hombre rico. Lo vemos siempre con los ojos del narrador, Nick Carraway, que dice ser honrado y haber aprendido a no juzgar a nadie. Jay Gatsby es un héroe trágico que se va destruyendo a sí mismo conforme se acerca a su sueño: la reconquista de una mujer a la que dejó para irse a la guerra en Europa. Quiere cumplir su deseo más inaccesible: recuperar el pasado, el momento en que conquistó a Daisy Buchanan. De él dice Nick Carraway: No podré olvidar ese don extraordinario de Gastby para conservar siempre la esperanza. Esa ROMántica disposición que no he encontrado en ninguna otra persona y que probablemente nunca volveré a encontrar.

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