Nacionalismos, Crisis del 98 y Movimiento Obrero en España: Un Recorrido Histórico


Nacionalismos y Movimiento Obrero en España: Un Contexto Histórico

El Nacionalismo en España

Catalanismo: A partir de los años 30, con la influencia del Romanticismo, surgió en Cataluña el movimiento cultural Renaixença, que revitalizó la lengua y cultura catalanas. A finales del siglo XIX, se consolidó el catalanismo político, dividido en dos vertientes: una republicana y federalista, y otra conservadora y tradicionalista, que terminó prevaleciendo. Figuras clave fueron Valentí Almirall y, más tarde, Prat de la Riba, quien fundó la Lliga Regionalista Catalana en 1901, defendiendo la autonomía de Cataluña.

Nacionalismo Vasco: El nacionalismo vasco nació en el último cuarto del siglo XIX debido a la industrialización de Vizcaya y la abolición de los fueros tras la guerra carlista. Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1894, promoviendo la idea de un Estado vasco propio. Aunque inicialmente limitado y radical, el PNV moderó su postura hacia principios del siglo XX para ganar más apoyo.

Regionalismo Gallego: El galleguismo político fue más tardío y tuvo menor impacto que el catalanismo o el vasco, debido al atraso económico de la región. Aunque surgió un movimiento cultural llamado O Rexurdimento, fue en la Restauración cuando el regionalismo gallego dio sus primeros pasos con la fundación de la Asociación Regionalista Galega en 1889.

Nacionalismo Español: Este surgió con las Cortes de Cádiz en 1812, vinculado al liberalismo y la independencia frente a la dominación francesa. La Constitución de 1812 definió la nación española como una unión libre de todos los españoles. Aunque la monarquía intentó asociar la nación con la institución monárquica, durante el Sexenio Democrático (1868-1874) se reforzó la soberanía nacional. La crisis del 98 y el sistema de la Restauración agravaron los problemas nacionales y exacerbó los movimientos regionalistas.

Este panorama evidenció la fragmentación territorial y los desafíos para cohesionar una nación unificada.

Consecuencias de la Crisis del 98

La pérdida de los mercados coloniales tuvo un impacto negativo en la economía española, aunque la industria nacional se recuperó rápidamente gracias a la repatriación de capitales, la continuidad del comercio colonial y el crecimiento del mercado interno, lo que impulsó el desarrollo bancario.

En el ámbito ideológico, surgió una crisis de conciencia nacional que dio lugar al Regeneracionismo, liderado por Joaquín Costa, y a la actitud pesimista de los intelectuales de la Generación del 98. También se promovió una renovación pedagógica impulsada por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza. El regeneracionismo representaba el deseo de reforma política frente a un sistema dominado por una oligarquía.

En lo militar, la derrota evidenció la falta de preparación del ejército, lo que llevó a un mayor enfoque en el norte de África y al surgimiento de una influyente facción militar africanista.

En política, la incompetencia de los gobernantes fue duramente criticada, aunque el sistema de la Restauración sobrevivió. El regeneracionismo influyó en políticos como Silvela y Maura, quienes buscaron reformas sin alterar el sistema. Además, el nacionalismo catalán y vasco se fortalecieron con la aparición de la Lliga Regionalista (1901) y el PNV, respectivamente.

Implantación del Liberalismo en España

El reinado de Isabel II fue una oportunidad frustrada para la modernización de la economía española y su incorporación al desarrollo que estaban experimentando otros países europeos:

  • La transición al liberalismo se basó en una reforma liberal que abolió el régimen señorial y desvinculó la propiedad amortizada, pero dejó sin resolver, cuando no agravó, el problema de la concentración de la propiedad.
  • La revolución industrial fracasó sobre todo por el débil crecimiento demográfico, la ausencia de una revolución agrícola y la escasa iniciativa de la burguesía española.
  • El tendido de la red ferroviaria fue un elemento básico para la articulación del mercado nacional. El capital se centró en el negocio ferroviario y las inversiones en la industria quedaron postergadas.
  • Durante el reinado de Isabel II se consolidó el sistema político liberal. Progresistas y moderados pugnaron por el gobierno, pero fueron los moderados quienes llegaron prácticamente a patrimonializar el poder político, lo que contribuyó a que el sistema se vería desbordado por el movimiento revolucionario de 1868: Los moderados y los progresistas se enfrentaron en dos puntos clave: el alcance de los derechos ciudadanos y la participación de los ciudadanos en la vida política.
  • Durante las regencias de María Cristina (1833-40) y de Espartero (1841-43) se configuraron los dos partidos básicos del siglo XIX español: progresistas y moderados.
  • En 1854 se produjo un movimiento revolucionario que inició el bienio progresista (1854-56).
  • En 1856 comenzó un período de signo moderado, que se prolongó hasta 1868, año en que la reina fue destronada por un movimiento revolucionario que acabó estableciendo una efímera república.
  • Como consecuencia del desarrollo industrial la sociedad española experimentó profundos cambios en su composición, sobre todo por la aparición de un proletariado industrial sometido a unas condiciones laborales y de vida penosas.

El Movimiento Obrero

Durante el último cuarto del siglo XIX, el movimiento obrero en España experimentó una evolución significativa. Durante el Sexenio Democrático, se permitió el derecho de reunión y asociación, lo que facilitó la creación de las primeras organizaciones obreras, aunque estas fueron prohibidas en 1874, lo que obligó a muchas a operar de forma clandestina. A partir de 1881, con el gobierno de Sagasta, las organizaciones obreras comenzaron a salir a la luz y a ser legalizadas en 1887, alcanzando mayor influencia.

En cuanto a las ideologías, el anarquismo fue la corriente mayoritaria, con fuerte presencia en Andalucía y Cataluña. Los anarquistas rechazaban la política parlamentaria y promovían la violencia terrorista como forma de lucha. Un hecho relevante fue el atentado de 1897 que acabó con la vida de Cánovas del Castillo. El sindicato anarquista Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) fue el más influyente en esa época.

El socialismo, por su parte, tuvo un inicio modesto con la fundación del PSOE en 1879 por Pablo Iglesias y la creación de la UGT en 1888 como su sindicato. El PSOE se alineó con la corriente marxista de la Segunda Internacional, que promovió la jornada laboral de ocho horas y el 1 de mayo como Día del Obrero. En 1890, una huelga en Bilbao fue un hito para los obreros, logrando victorias en condiciones laborales.

Finalmente, el sindicalismo católico también hizo su aparición, comenzando con los Círculos Católicos de Obreros en 1864, creados por el jesuita Antonio Vicent. Estos círculos evolucionaron hacia una estructura sindical en 1895, pero su influencia fue mucho menor que la de los sindicatos de clase como los anarquistas y socialistas.

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