Oposición al Liberalismo en España: Guerras Carlistas y Fueros (1833-1876)


La Oposición al Sistema Liberal: Guerras Carlistas y la Cuestión Foral

El reinado de Isabel II se inició con un problema dinástico. La Ley Sálica, implantada por Felipe V, impedía reinar a las mujeres. Sin embargo, las Cortes de Carlos IV derogaron esta ley mediante la Pragmática Sanción. A pesar de esto, la ley no fue publicada, y Fernando VII, estando su mujer embarazada y ante la posibilidad de que fuera una niña, publicó la Pragmática Sanción aprobada por las Cortes de su padre. Carlos María Isidro, el heredero al trono hasta entonces, no aceptó esta modificación legal y no reconoció a su sobrina como reina. Fernando VII lo desterró a Portugal.

La Primera Guerra Carlista (1833-1839)

Tras la muerte de Fernando VII en septiembre de 1833, Carlos María Isidro publicó el Manifiesto de Abrantes, reclamando el trono de España como Carlos V. Así comenzó una guerra de siete años.

Fue un conflicto ideológico, además de dinástico. En el bando isabelino se agrupaban altas jerarquías de la nobleza, el Ejército, la Iglesia y el Estado, junto con las clases urbanas e intelectuales, incluidas las ciudades de las regiones carlistas como Bilbao, San Sebastián y Barcelona, que vieron en la defensa de la futura reina la posibilidad del triunfo de los principios del liberalismo. En el bando carlista, todos aquellos contrarios a la revolución liberal: pequeños nobles, parte del bajo clero y muchos campesinos, especialmente de Navarra, País Vasco, norte de Aragón y Cataluña.

El Carlismo era un movimiento tradicionalista cuyos principios se resumen en la frase: “Dios, Patria, Rey y Fueros”. Unieron a la defensa del Antiguo Régimen y la religión, el mantenimiento de los fueros en el País Vasco y Navarra, y la recuperación de los fueros de Cataluña, Aragón y Valencia, perdidos por los Decretos de Nueva Planta. Los fueros otorgaban privilegios, especialmente de carácter fiscal, y la exención del servicio militar obligatorio. La defensa de la cuestión foral le dio un gran apoyo popular al carlismo en dichas regiones.

El alzamiento carlista se inicia en 1833, triunfando en zonas rurales de Navarra, País Vasco y en algunas áreas de Cataluña y Aragón. Los principales líderes carlistas fueron Zumalacárregui y Cabrera. Los comienzos fueron favorables al carlismo, con sucesivas derrotas del ejército isabelino. En el sitio de Bilbao muere Zumalacárregui en 1835, perdiendo el carlismo una de sus figuras más destacadas. Las expediciones carlistas se desplazaron hacia el sur, pero nunca encontraron el apoyo de la población. En 1837 llegaron a las puertas de Madrid con una expedición encabezada por el propio pretendiente al trono.

A partir de este año, las ofensivas del ejército isabelino y el desgaste de los carlistas favorecieron la búsqueda de una solución al conflicto. El general carlista Maroto inicia negociaciones que concluyeron en 1839 con el “Abrazo de Vergara” entre Maroto y Espartero. En el convenio que ambos firmaron se acordaba el reconocimiento de los grados militares de los carlistas, así como una promesa de respeto a los fueros vascos y navarros, y la posibilidad de incorporarse al ejército isabelino manteniendo su graduación militar y su retribución si juraban fidelidad a la reina.

Desarrollo Posterior y Consecuencias de las Guerras Carlistas

La guerra se mantuvo un año más en Aragón hasta que Espartero derrota al ejército de Cabrera y éste marcha al exilio. A pesar de la derrota militar, hubo otras dos guerras más:

  • Segunda Guerra Carlista (1846-1849): Se inició cuando fue rechazada la oferta de matrimonio del primogénito de Don Carlos con la joven Isabel II.
  • Tercera Guerra Carlista (1873-1876): Se inicia cuando, tras el exilio de Isabel II, es rechazado como candidato al trono de España el pretendiente Don Carlos (Carlos VII), y se elige a un príncipe italiano como rey.

Las guerras carlistas tendrán importantes consecuencias:

  • Elevados costes humanos y materiales.
  • La inclinación de la monarquía hacia el liberalismo.
  • El protagonismo político de los militares (los generales o “espadones” se acomodaron al frente de los partidos políticos).
  • El recurso al pronunciamiento durante todo el reinado como fórmula habitual de instaurar cambios de gobierno.
  • Los enormes gastos de guerra situaron a la monarquía ante serios apuros fiscales y condicionaron la orientación de ciertas reformas como la desamortización de Mendizábal.

En 1876, el carlismo fue derrotado y se abolieron los fueros de las provincias vascas y Navarra, pero, en 1878, se aprobaron algunos conciertos económicos para estos territorios, lo que les ha dado una singularidad económica que se mantiene en la actualidad.

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