Pobreza y Sociedad en el Siglo XVI: Un Enfoque Humanista


El Eco Social de la Pobreza en el Siglo XVI

Durante este siglo, el humanismo renacentista, un fenómeno impulsado por autores como Juan Luis Vives, con su obra “Del socorro de los pobres”, que es el primer plan de actuación contra la pobreza, cobró gran relevancia. La idea principal es abordar el problema buscando soluciones en las instituciones públicas, que deben socorrer a los verdaderos pobres y obligar a trabajar a los vagos. Para Vives, el cuidado de los pobres se convierte en una verdadera función pública.

  1. Primera idea: Analiza la pobreza desde el punto de vista de las perturbaciones colectivas que produce (robos, enfermedades…).

  2. Segunda idea: Defiende la necesidad de seguir dando limosnas, pero para atenuar la amenaza social.

Como las limosnas no bastan para acabar con la pobreza, habrá que recurrir a medios humanos ante la poca eficacia de los religiosos. Para ello, será necesario hacer un censo municipal de la pobreza (es decir, saber cuántos pobres hay).

A los pobres forasteros, Vives defiende que se les expulse a su país con una ayuda económica para el viaje. A los que sean de esa ciudad, se les dará formación para que puedan ejercer un oficio.

  1. Tercera idea: La mendicidad debe estar prohibida a través de la obligatoriedad y el derecho al trabajo.

Si todos los que puedan trabajar lo hacen, se liberarán recursos para atender a los pobres que realmente lo necesiten. Se dará trabajo mediante la asignación obligatoria de estas personas a talleres, a la realización de obras públicas municipales, reparación de hospitales, etc. Incluso las personas con minusvalía o enfermos en hospitales deben realizar tareas que su estado permita.

  1. Cuarta idea: Los niños privados de ambiente familiar tenían que ir a clase, tanto niños como niñas. Para conseguir todo este programa, será necesaria la financiación, que vendrá de diferentes fuentes: administración rigurosa de los bienes públicos; de las rentas de los obispos, abades, etc.; de donaciones de particulares y de la limosna colectiva.

Ante esta situación, Vives defiende que es esencial un rígido control de los fondos y que han de emplearse para los necesitados. También pretende la fusión de los distintos establecimientos existentes en dos únicos hospitales por localidad: uno para el cuidado de los enfermos y otro para el cuidado de los mendigos. No quiere decir que deban estar encerrados, tienen libertad para salir, pero en estas casas recibirán lo que necesiten para su mantenimiento.

Vives no prohíbe la mendicidad, pero sí defiende que no se les dé limosna, ya que entiende que con este sistema quien pida es porque es un pobre fingido. Con la inclusión de estas personas en las instituciones se controlará la mendicidad.

Por último, Domingo de Soto en ningún caso entiende que sean admisibles las medidas restrictivas de la mendicidad; la asistencia al pobre es una cuestión de conciencia sometida al ámbito religioso.

Defiende la libertad del pobre a encontrar ayuda “donde puede”. La intervención de la autoridad pública se debe restringir a distinguir pobres verdaderos de los fingidos, impidiendo y castigando a estos últimos. En caso de duda, se le tratará como pobre. Considera humillante y discriminatorio los controles y supervisiones públicas. Para él, no debe restringirse el derecho a la mendicidad, asumiendo que puede haber fraudes.

También Soto rechaza la discriminación entre nacionales y forasteros: si son pobres de verdad, tienen derecho a mendigar.

Y, por último, también rechaza la idea de encerrar a los pobres en lugares de beneficencia, por cuatro motivos:

  • No van a caber todos.
  • Los riesgos de estar ociosos.
  • Tener a los pobres fuera de las instituciones favorece los instintos caritativos.
  • Con las limosnas individuales se cubren más tipos de necesidades que con las ayudas institucionalizadas.

El pensamiento de estos autores impulsó el fenómeno conocido como secularización de la pobreza, que inició el proceso de abandono del pensamiento de que la sociedad se organizaba en función de Dios y de la Iglesia, lo que le daba una visión de que el mundo se organiza en función de Dios y que la resignación es una virtud, la pobreza o riqueza son situaciones queridas por Dios, y la vagancia un producto personal.

Con la idea del humanismo renacentista se deja entrever la entrada a la Edad Moderna, donde se centra su preocupación en el hombre y su suerte en el mundo, en vez de hacerlo en el más allá de la Edad Media. Se produce un abandono del teocentrismo para adoptar una visión más antropocentrista.

Con este pensamiento se produce un cambio en el comportamiento de los poderes públicos, que empiezan a plantearse la necesidad de intervenir en la desgracia de los más necesitados, y empezar a sustituir la caridad cristiana.

La Real Carta y Real Instrucción de Carlos I y la Real Pragmática de Felipe II fueron dos grandes disposiciones durante este período, aunque no tuvieron éxito debido a su incumplimiento.

En España no se reconoció el derecho del pobre a reclamar medios para subsistir y tampoco se impuso la obligación legal de los vecinos a sustentar a los indigentes, aunque la autoridad civil sí que empezó a implicarse en la atención a los más necesitados.

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