Revolución Rusa y Crisis del 29: Causas, Desarrollo y Consecuencias


La Revolución de Febrero

La coyuntura de la Primera Guerra Mundial creó en Rusia las condiciones para un estallido revolucionario. Ni la economía ni la organización política y militar rusas estaban preparadas para una guerra tan larga, dura y costosa. En consecuencia, los desastres militares se sucedieron. La movilización de millones de campesinos conllevó el descenso de la producción agrícola, en un momento en el que la mayor parte de los recursos económicos fueron dedicados a la guerra. De resultas de ello, hubo hambre en las ciudades y se extendió el malestar entre los obreros y los campesinos. Esto desacreditó al zar Nicolás II y a su gobierno, que se mostraban incapaces de cambiar la situación. La población estaba desmoralizada y comenzó a organizarse en soviets, es decir, consejos obreros, campesinos y soldados, que exigían al zar la retirada de la guerra y el fin de la autocracia. La oposición política al zar aprovechó las circunstancias y tanto los partidos burgueses, como los campesinos y los obreros exigieron la abdicación.

La caída del zarismo

En febrero de 1917 estalló una revolución en San Petersburgo que provocó la caída del zarismo. El poder pasó a un gobierno provisional, dirigido por Kerensky y apoyado por los partidos liberales de la Duma, que inició una serie de reformas. Rusia se convirtió en una República democrática.

La Revolución de Octubre

La lentitud con que se llevaba a cabo la reforma agraria y el mantenimiento de Rusia en la guerra hicieron aumentar el descontento popular y la influencia de los bolcheviques, que querían derrocar al gobierno provisional e instaurar el socialismo. Los bolcheviques aspiraban a la formación de un gobierno de soviets obreros y campesinos. En su programa prometían la paz, el reparto de tierras entre los campesinos, la dirección de las fábricas por los obreros y la nacionalización de la banca y los medios de transporte.

El 25 de octubre, los soviets, impulsados por los bolcheviques, se sublevaron y en diez días se hicieron con el poder y derrocaron al gobierno provisional. Con el apoyo del Congreso de los Soviets de Rusia, Lenin formó un gobierno obrero. El nuevo gobierno soviético estableció las primeras medidas revolucionarias: las tierras podrían ser expropiadas para repartirlas entre los campesinos y las fábricas quedarían bajo el control de los comités obreros. Además, se firmó la Paz de Brest-Litovsk con Alemania, que comportó para Rusia pérdidas territoriales importantes.

La Pugna por el Poder

Lenin, el líder indiscutible de la Revolución, murió en 1924 en un momento en que se debatía quién era el mejor camino para consolidarla. Propuestas diferentes enfrentaron a los dirigentes del partido, sobre todo a Trotsky y Stalin. El primero mantenía que había que exportar la revolución y provocarla en otros países. El segundo proponía la construcción del socialismo en un único país, convirtiendo la URSS en una gran potencia que fuera la cuna de las revoluciones futuras.

Stalin, que se había convertido en secretario general del PCUS, se hizo con el control de la situación a partir de 1927 y se convirtió en el dirigente principal de la URSS. Trotsky, su rival, se exilió y en 1940 fue asesinado por orden del mismo Stalin.

Del Crack Bursátil a la Gran Depresión

Muchos accionistas eran conscientes de que la cotización de las acciones era muy superior al valor real y que no continuarían subiendo de manera indefinida. La desconfianza se extendió entre los inversores y el 24 de octubre de 1929 una gran ola vendedora afectó a la Bolsa de Nueva York. De repente, todo el mundo quería vender sus acciones y nadie quería comprar. La gran oferta de acciones hizo que su valor se derrumbara y desencadenó el Crack Bursátil de 1929. Muchos inversores se arruinaron y el pánico se extendió entre los ciudadanos, que acudieron a los bancos para retirar su dinero. Los bancos tuvieron que cerrar por falta de fondos, pero, a su vez, no pudieron cobrar los préstamos hechos a particulares y empresas arruinadas. El crack de la bolsa precipitó la quiebra de muchos bancos.

En pocos años, la crisis bursátil se propagó a gran parte de la industria, el comercio y la agricultura, y provocó una recesión económica generalizada. Ante el convencimiento de que se avecinaban tiempos difíciles, el consumo disminuyó y muchas fábricas cerraron porque no pudieron vender su producción. El número de desempleados aumentó a 13 millones en 1932, y muchas familias cayeron en la miseria y tuvieron que vivir de la caridad pública.

Desde los Estados Unidos, la crisis se propagó al resto del mundo, porque los bancos norteamericanos retiraron los capitales depositados en los bancos europeos y las empresas estadounidenses redujeron sus inversiones en estos países. Además, las importaciones estadounidenses cayeron en picado y eso trajo consigo que el comercio mundial padeciera una gran recesión, lo que contribuyó a la difusión mundial de la crisis.

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