La Segunda República Española (1931-1936)
La II República Española duró del 14 de abril de 1931 al 1 de abril de 1939. Durante este período, atravesó las siguientes fases:
- El Bienio Reformista (1931-1933)
- El Bienio Radical-Cedista (1933-1935)
- El Frente Popular (1936)
Bienio Reformista (1931-1933)
El Jefe del Estado fue Niceto Alcalá Zamora, y el Jefe de Gobierno, Manuel Azaña. El gobierno de este período se propuso solucionar los graves problemas que acuciaban a España desde el siglo XIX: la reforma agraria, los problemas del ejército, la situación de la educación y los conflictos con la Iglesia Católica.
Reforma Agraria
En 1932 se aprobó la Ley de Reforma Agraria. Su principal objetivo era modernizar la agricultura, poner fin al predominio del latifundio y mejorar las condiciones de vida de los campesinos pobres. Las tierras expropiadas a los grandes propietarios se parcelaban y se entregaban a comunidades de campesinos o pequeños agricultores, quienes debían pagar por ellas.
La Ley Agraria aspiraba a asentar a 60,000 campesinos al año. Sin embargo, la lentitud del gobierno provocó graves enfrentamientos con los campesinos, quienes ocuparon tierras en Andalucía y se enfrentaron a las fuerzas de Orden Público. El suceso más grave fue el de Casas Viejas, en la provincia de Cádiz, donde murieron 22 personas por la acción de la Guardia Civil, lo que supuso un duro golpe para la República.
La reforma agraria fracasó debido a la lentitud del Gobierno y al aumento de la tensión social entre grandes propietarios y campesinos, ante la radicalización de estos últimos.
Educación
El analfabetismo era uno de los problemas básicos del país. El decidido propósito de la II República de educar al pueblo se hizo patente por primera vez en la historia de España. Esta política, muy influenciada por la Institución Libre de Enseñanza, se concretó en las siguientes medidas:
- Apertura de bibliotecas ambulantes, misiones pedagógicas y programas de educación nocturna.
- Ampliación de los estudios de los futuros maestros, elevando así el nivel educacional de los profesionales de la enseñanza.
- Obligación de los centros privados (religiosos) de examinarse en los centros públicos, lo que generó un fuerte enfrentamiento con la Iglesia, que abogaba por una enseñanza pública, obligatoria y gratuita.
Ejército
Otro de los graves problemas del país era el ejército. Durante el siglo XIX, el ejército español, mal preparado, había tenido un gran protagonismo en las decisiones políticas internas. Una de las características de este ejército era la existencia de muchos jefes para poca tropa. Manuel Azaña, Jefe de Gobierno y Ministro de la Guerra, se encargó de reformar y reducir el ejército para hacerlo más funcional y acorde a las necesidades del país.
Diez días después de la proclamación de la República, se promulgó la Ley Azaña, que permitía a los oficiales retirarse con toda la paga. Casi la mitad de los oficiales se acogió a esta posibilidad. Otra reforma fue la reducción de divisiones del ejército (unidades de combate), que pasaron de 16 a 8. Asimismo, en el Protectorado de Marruecos se pasó de una administración militar a una civil, destinando al ejército a una mera función técnica de ocupación. Por otra parte, se cerró la Academia Militar de Zaragoza, de donde salían los nuevos oficiales. Se creó la Guardia de Asalto, una fuerza de orden público fiel a la República, lo que fue muy mal recibido por la mayoría de los militares.
En 1932, el general Sanjurjo se sublevó en Sevilla, pero fracasó y fue condenado a muerte, aunque Azaña lo indultó. En 1936, Sanjurjo fue uno de los cabecillas de la sublevación de Franco.
Secularización del Estado
La Iglesia Católica también vio limitado su poder. La mayor parte de la enseñanza primaria y, sobre todo, de la secundaria estaba en manos de la Iglesia. El nuevo gobierno decretó una serie de medidas dirigidas a la secularización del Estado y, por tanto, a limitar el poder de la Iglesia:
- Libertad de culto.
- Supresión del presupuesto del culto y del clero.
- Ley del divorcio y los matrimonios civiles.
Buena parte de los sectores católicos percibió la nueva legislación como un ataque al catolicismo, lo que condujo a que la jerarquía católica se enfrentara directamente con el gobierno republicano.
Reformas Sociales y Laborales
Estas reformas fueron obra del ministro de Trabajo en el gobierno de Azaña, el socialista Largo Caballero, e incluyeron:
- Reducción de la jornada laboral en el campo y extensión de los seguros sociales.
- Establecimiento de las 40 horas semanales.
- Ley de Términos Municipales (los patronos debían contratar a trabajadores de la localidad para evitar recurrir a esquiroles o a obreros de otros pueblos a los que pagaran menos).
El gobierno republicano-socialista convocó elecciones en septiembre de 1933.
Bienio Radical-Cedista o Bienio Conservador (1933-1935)
Las elecciones de 1933 encontraron a los partidos de izquierda, que habían gobernado en el Bienio Progresista, divididos por las discrepancias que habían surgido durante su gobierno. Las derechas, en cambio, formaron una coalición electoral. Dentro de esta coalición, destacaron tres partidos políticos: el Partido Radical de Alejandro Lerroux, la CEDA de José María Gil-Robles (católicos) y Renovación Española de José Calvo Sotelo (ultraderechista, monárquico). En torno a estos tres partidos se aglutinaron otros pequeños partidos, como los agrarios (caciques latifundistas) y los fascistas de Falange.
El resultado fue una clara victoria de la coalición conservadora, dando inicio al llamado Bienio Radical-Cedista. El Jefe del Estado fue Niceto Alcalá Zamora, y el Jefe de Gobierno, Alejandro Lerroux. El gobierno estaba formado por republicanos radicales, pero apoyados por la CEDA. El gobierno se dedicó a paralizar la obra legislativa del Bienio Reformista.
Se paralizó la aplicación de la Reforma Agraria, pero no se devolvieron las tierras expropiadas a la nobleza. Se trató de negociar un nuevo concordato con la Santa Sede, que prefirió esperar al ascenso de la CEDA. La CEDA y los partidos monárquicos querían la eliminación rápida de todas las reformas del bienio anterior. La mayor parte de los políticos del Partido Radical eran republicanos y, aunque moderados, no estaban dispuestos a radicalizar su acción.
Los movimientos huelguísticos y la corrupción habían desgastado al gobierno de Lerroux, que ante la crisis en el Ministerio de Agricultura tuvo que reestructurarse. La CEDA de Gil Robles exigió participación ministerial. Los partidos de centro y de izquierda se opusieron ante los tintes autoritarios del partido de Gil Robles, que recordaban a los gobiernos fascistas europeos (Hitler y Mussolini). Los partidos de izquierdas revolucionarios (PSOE, PCE y los sindicatos UGT y CNT) amenazaron con una acción armada revolucionaria. Sus líderes, junto con nacionalistas y republicanos reformistas, formaron un Comité de Huelga.
El Comité de Huelga convocó una huelga general (REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DEL 34). Fracasó en todo el país, excepto en Asturias, donde los mineros protagonizaron una revolución social, y en Cataluña, donde la revuelta tuvo un carácter más político y el presidente Companys declaró «el Estado Catalán» dentro de la República Federal Española. En Cataluña, el gobierno central controló fácilmente la situación.
El gobierno de Madrid envió a la Legión bajo el mando del general Franco, quien reprimió con extrema dureza el movimiento revolucionario: 30,000 personas fueron encarceladas, se prohibieron las actividades de los grupos obreros y la prensa socialista y comunista. Se suspendió el Estatuto Catalán y se frenó la negociación del Estatuto de Autonomía Vasco. El Comité de Huelga fue detenido y encarcelado en Madrid.
Lerroux, en mayo de 1935, presidió un nuevo gobierno más derechista. En ese gobierno hubo cinco ministros de la CEDA, y se nombró ministro de la Guerra a Gil Robles, quien se apoyó en los militares más antirrepublicanos, como Franco (mayo de 1935). Los movimientos huelguísticos y las críticas a la actuación de las fuerzas de orden público en la represión obrera y la corrupción generalizada (estraperlo) provocaron nuevas crisis de gobierno que llevaron inevitablemente a la convocatoria de nuevas elecciones en febrero de 1936.
Balance
Esta etapa se caracterizó por su inestabilidad, consecuencia de la falta de entendimiento entre radicales y cedistas, de la acción de la extrema derecha que quería que el gobierno fracasara y de la actitud de la izquierda que no creyó en la integración de la derecha en la República.